Sólo haz zazen de todo corazón. No lo olvides; no lo pierdas.

Sankon-Zazen-Setsu, Keizan Jokin Zenji (1268-1325)

La naturaleza de los círculos

[Por Kazuaki Tanahashi]
Kaz Tanahashi es muchas personas: artista con más de 50 años exponiendo; diestro calígrafo; maestro de caligrafía (shodo) de fama mundial; traductor de textos japoneses y chinos; poeta, activista social y autor. Pero la esencia del hombre es un simple círculo.

Transcripción

Cuando dibujo un círculo siento mucha alegría. Creo que siento esa alegría porque no tengo que preocuparme demasiado. De alguna manera, ya sé lo que va a pasar: ciertas formas circulares van a aparecer, así que no tengo que preocuparme por eso.

Dibujar un círculo es siempre un proceso a descubrir, totalmente impredecible. Y aunque yo, simplemente, continúo haciendo el mismo movimiento, cada vez obtengo un resultado diferente. Leer más…

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Confiar en uno mismo

[Del libro “La luz que brilla a través del infinito: el zen y la energía de la vida”, de Dainin Katagiri]

El budismo Zen no es una filosofía como el racionalismo o el empirismo; Zen es la vida real. Pero cuando lo estudias, a veces parece que el Zen niega el valor de la comprensión intelectual y sólo depende de la experiencia directa.

Por ejemplo, siempre le cuento a la gente cómo pueden aprender el significado de la meditación de zazen, pero en realidad no sabrán qué es el zazen hasta que lo experimenten. Entonces, después de la charla, finalmente tengo que decir: “Por favor, sentaos y practicad zazen”. O puedo explicar qué es el agua, pero para entender el agua, tenéis que beberla. Entonces digo: “Por favor, bebed un vaso de agua”. Pero entonces la gente inmediatamente piensa que Zen significa: ¡no pienses, solo siéntate, solo bebe! Eso no es Zen. Si vives así, tu vida es de estilo hippie.

En San Francisco, en la década de los sesenta, había muchos jóvenes llamados hippies. Un día me encontré con un estudiante Zen de estilo hippie en un tren y le pregunté hacia dónde se dirigía. Él dijo: “No sé; donde me lleven mis pies”. Bueno, esa forma de vida parece ser libertad, pero no creo que sea libertad. Es confusión. Leer más…

Codicia, agresividad e ignorancia, los tres “venenos” del budismo

[Publicado el 07/01/2015 en  Clarin.com]

David Loy, maestro zen ordenado en Japón, promueve un budismo socialmente comprometido. Sostiene que las enseñanzas de Buda son una llave de oro para cambiar el mundo.

David Loy, 67 años, estadounidense, es doctor en Filosofía, maestro zen ordenado en Japón. Ejerció como profesor universitario de Filosofía Budista durante 30 años en Asia (15 de ellos en Japón) y en los Estados Unidos.

En sus artículos y libros reflexiona sobre el encuentro entre el budismo y el mundo occidental actual. Tres de ellos pueden encontrarse en español: No-dualidad, El gran despertar (una teoría social budista), y Dinero, sexo, guerra y karma.

“Lo que ofrecen las enseñanzas de Buda es una llave de oro con la que poder cambiar el mundo -dice- y la clave es cambiar las motivaciones. Cuando cambias tus intenciones, todo cambia a tu alrededor”.

– ¿Cómo llegó al budismo? 
– Vivía en Honolulu, y con un amigo me apunté a una sesshin (retiro de meditación zen) sin saber dónde me metía. ¡Fue un infierno!

– Lo pusieron cara a la pared… 
– Una semana y sin pronunciar palabra. Pero se me abrieron nuevas perspectivas y supe la dirección que debía tomar.

– Un largo camino. 
– Seguí haciendo retiros y se multiplicaron las preguntas filosóficas, así que decidí volver a la universidad a realizar un posgrado que comparaba la filosofía oriental y occidental y me doctoré.  Leer más…

Jodo-e

22 diciembre 2017 2 comentarios
[Jodo-e Ceremonia conmemorativa del despertar de Shakyamuni Buda, por Issho Fujita]

En los monasterios de Soto Zen en Japón, del 1 al 7 de diciembre tiene lugar un retiro de zazen muy intensivo (sesshin). El día 7, se practica zazen toda la noche (tetsuya zazen) y continúa hasta la 1 a.m del día siguiente. Después del último período de zazen, se toca la campana de la sala de Buda y todos los practicantes entran en la misma. El abad ofrece una varita de incienso. Todos juntos hacen tres postraciones, luego doblan sus zagu. El abad ofrece luego agua dulce caliente, gachas de arroz y té, y todo el mundo canta el Dharani de la Gran Compasión (Dai Hi Shin Dharani). Cuando la asamblea termina con una dedicación (eko) y tres postraciones, se celebra una pequeña ceremonia (shôsan). Luego se sale de la sala y se duerme hasta la mañana.

Este evento completo se llama Rohatsu sesshin. “Ro” significa diciembre. “Hatsu” significa ocho. Este retiro especial se celebra anualmente para conmemorar la realización de la Vía por el Buda Shakyamuni. De acuerdo a la historia de Buda, después de muchos años de difícil práctica ascética, Shakyamuni se sentó en zazen debajo del árbol Bodhi. Al amanecer del 8 de diciembre, vio la estrella de la mañana (Venus) y tuvo un gran despertar. Ya no era una persona ordinaria, común, sino que se había transformado en el Despierto, el Buda. Leer más…

El dolor no te pertenece

[Por Ho-un Kobun]

Una vez entras y echas a rodar en esta condición particular llamada “práctica”, resulta muy extenuante. El sentarse se ve un poco como desaparecer de este mundo. Entras en la piedra, en el grueso muro, y te sientes como si fueras a desaparecer como ser humano. Cuando te das la vuelta y te levantas, ¡descubres que todavía estás vivo! El problema no es el dolor en el cuerpo, sino el dolor del sufrimiento no resuelto en tu mente, y sin embargo eso es lo que hay. Mejor mirarlo de frente que estar asustado por su apariencia.

Puedes sentir dolor, pero no puedes tenerlo. No te pertenece. Para algunos, todo el universo es dolor; sólo es cuestión de grados. Vale, sucede, así que déjalo marchar. Fulmina el dolor con tu respiración.  Hemos venido al mundo en esta forma condensada, así que aquí y ahora simplemente siéntate en posición vertical y alinéate con la gravedad. Hay otro dolor que aparece tan pronto como nos ponemos a practicar, y no tiene nada que ver con tus piernas. Este dolor es una sensación de algo que falta, como olvidar una cosa importante mientras sostienes otros tantos paquetes, como buscar a un niño perdido, o como una necesidad de estar con alguien. La separación de algo a lo que estás destinado,  cercano. Separado de esto, sientes el tirón hacia él. Así que tenemos práctica, estudiante, maestro, padre, hija, etc. Cómo sostener la relación, guardando espacio entre ellos, conectado pero no demasiado enredado, capaz de moverse, esta es la cuestión.

Una persona de la sangha es como un ave migratoria. Incluso con tiempo tormentoso, el ave migratoria puede volar. ¿A dónde va este vuelo? ¿Por qué practicamos? Para sentarnos juntos sin hablar, como esos pequeños aviones que aterrizan y despegan juntos, al mismo tiempo, en el mismo lugar… nosotros somos como esas aves migratorias.

Kurozumi Munetada

[Por Kanju Tanaka, maestro Zen, responsable del templo Kouunji]

Al cultivar la “Nada” (Mu) que es la raíz del corazón/mente, Munetada se hizo uno con el corazón/mente de Dios (la realidad viviente de los cielos y la tierra), y alcanzó el estado de “vida penetrante” (ikito ^ shi) que trasciende la vida y la muerte.

Sobre la base de haber probado a fondo esta forma de vida, fundó Kurozumi-kyo, una escuela de sintoísmo que muestra la universalidad de la verdadera religión.

Recepción directa del Mandato Celestial

Una de las primeras escuelas independientes de sintoísmo, Kurozumi-kyo fue fundada por Kurozumi Munetada (1780-1850), una persona excepcional que alcanzó la iluminación —personificando por completo el estado de no-egoismo y sinceridad– por sí mismo, sin la guía de un maestro, y quien por su propia cuenta se comprometió a educar a otros en todas partes.

Nacido en una familia de sacerdotes sintoístas tradicionales, desde muy joven Munetada sintió un fuerte sentido de piedad filial. A la edad de diecinueve años, en un libro del maestro sintoísta Yoshida Kanetomo denominado El gran significado del sintoísmo, Munetada se encontró con la frase: “el corazón/mente es Dios”. Leer más…

Árboles

22 noviembre 2017 2 comentarios
Del capítulo “Árboles”, libro “El caminante” de Hermann Hesse.

Acuarela de Hesse

Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos. Los respeto cuando viven en poblaciones o en familias, en bosques o en arboledas. Pero aún los respeto más cuando viven apartados. Son como individuos solitarios. No como ermitaños que se hubieran recluido a causa de una debilidad, sino como seres grandes y aislados, como Beethoven o Nietzsche. En sus ramas más altas susurra el mundo y sus raíces descansan en lo infinito; pero no se abandonan ahí, luchan con toda su fuerza vital por una única cosa: cumplir con ellos mismos según sus propias leyes, desarrollando su propia forma, representándose a sí mismos. Nada es más sagrado, nada es más ejemplar que un árbol fuerte y hermoso.

Cuando se tala un árbol y se muestra desnuda al sol su herida mortal, puede leerse toda su historia en el tosco y lapidario disco de su tronco: en sus anillos anuales y en sus cicatrices están descritos con exactitud toda lucha, todo sufrimiento, toda enfermedad, toda fortuna, toda recompensa. Años flacos y años de abundancia, agresiones soportadas y tormentas sobrevividas. Y cualquier hijo de campesino sabe que la madera más dura y noble es la que tiene los anillos más estrechos, y que arriba en la montaña, en constante peligro, crecen las ramas más inquebrantables, las más fuertes y ejemplares. Leer más…