Sólo haz zazen de todo corazón. No lo olvides; no lo pierdas.

Sankon-Zazen-Setsu, Keizan Jokin Zenji (1268-1325)

El alto techo del Budismo

jhUn cuarto de siglo es poco en el contexto del largo cuerpo del Budismo. Aun así, la medida del cambio en el pasado reciente del panorama budista en Occidente no es intrascendente.

Comencé mi práctica a mediados de los años 60 en medio de los movimientos por los derechos civiles y antibelicistas. Para mí, y muchos otros, no tenía que ver con ser budista, sino con lidiar con la mente en medio de las complejidades de la turbulencia social.

Hoy, 50 años después, el Budismo que conocí en los 60 ya no es una actividad alternativa para unos pocos, sino que ha encontrado su camino en la medicina, la educación, el gobierno y el mundo empresarial. En los últimos 25 años, el Budismo se ha transformado en diferentes formas y variedades, algunas veces regresando a los tiempos de Buda, otras, inventadas ayer. En algunos casos, ha sido severamente descontextualizado y vigorosamente modificado. El jurado esta allá afuera observando el valor del  “Nuevo Budismo”, pero siento que debemos mantener un ojo vigilante a lo que está sucediendo. Sería desafortunado hacer que el  Budismo se vuelva el “opio de las masas” y pierda su enraizamiento ético en la medida que se despliega en la sociedad occidental. Sería, incluso, más desafortunado tener la rara joya de la visión budista perdida en un mundo que es fundamentalmente personalista y dirigido hacia los consumidores. Leer más…

Olvidarse de sí mismo es ser concretado por todas las cosas

4 noviembre 2016 3 comentarios

«Estudiar la Vía del Buda es estudiarse a si mismo. Estudiarse a si mismo es olvidarse de si mismo. Olvidarse de si mismo es ser concretado por todas las cosas. Ser concretado por todas las cosas es dejar caer el cuerpo y mente de si mismo y el cuerpo y mente de los demás. Hay un rastro de la realización que no puede ser aferrado. Expresamos continuamente este inatrapable rastro de realización».
                                            Dogen. Genjokoan

Olvidarse de sí mismo es ser concretado por todas las cosas “Ser concretado por todas las cosas” tiene el mismo significado que la frase: “El venir de todas las cosas para consumar la práctica-iluminación a través de sí mismo es realización”. Sentándose simplemente enraizamos nuestro entero ser en el terreno del origen interdependiente. Leer más…

Vuelta al “cole”

El sábado 3 de septiembre retomamos la práctica en el dojo. Espero que el verano os haya sido provechoso.

Con ganas de retomar la práctica y poder vernos de nuevo, os dejo con un reportaje que acabo de ver y que me ha enternecido profundamente.

Buena práctica!

Dos lunas

Gasan abandonó su hogar y asumió el sacerdocio en el Monte Hiei a la edad de dieciséis años. Durante ocho años estudió Budismo, en especial la doctrina de la secta Tendai, la cual llegó a dominar muy bien. Sin embargo se dió cuenta de que la verdadera paz espiritual de la mente no puede alcanzarse a través del Budismo académico, así que bajó del Monte Hiei para convertirse en discípulo de Keizan Zenji y dedicarse a practicar Zen. Gasan era entusiasta, sensible y físicamente robusto por naturaleza. Parecía ser de confianza, y Keizan Zenji estaba feliz de haber sido bendecido con tan buen sucesor. Sin embargo, Gasan presumía mucho de su inteligencia y Keizan Zenji decidió en secreto hacer algo cuando se presentase la oportunidad para corregir esa actitud tan arrogante con la cual parecía estar “soportando” a la gente.

Una noche de invierno la luna estaba en su cénit e iluminaba con luz pura montañas, ríos, campos y aldeas, en una escena de belleza indescriptible; era como si la luz brillase incluso a través de los cuerpos y las almas de los seres humanos. Kezan Zenji dijo, como si se le hubiese acabado de ocurrir: “Gasan, ¿sabías que existen dos lunas?”.

“No, no lo sabía” dijo Gasan, completamente desconcertado. Mirando a Gasan, que a pesar de intentarlo no podía encontrar una respuesta, Keizan Zenji dijo en voz baja y solemne: “Si no sabes que existen dos lunas no puedo permitir que te conviertas en la más alta autoridad encargada de difundir las enseñanzas Zen de la escuela Soto”. Gasan nunca había escuchado palabras tan severas de boca de Kezan Zenji, y estaba estupefacto.

En ese momento pasó por la mente de Gasan la siguiente historia, ocurrida durante la dinastía Tang de China entre el destacado sacerdote Kyogen y su maestro, el maestro Zen Isan Reiyu. Leer más…

Coser un kesa

costura“A cada puntada acabas con un demonio interno”. Así me decía Luisette en 1.981 al coser mi primer rakusu en el Templo Zen de la Gendronniere (Blois, Francia). Luissette dirigía el trabajo de costura para principiantes y veteranos en el templo. Era monja Zen. Delgada, paciente, con cabello oscuro miraba nuestro trabajo y no perdonaba ningún error. Si tu manera de coser no era lo suficientemente buena,  simplemente deshacía tu trabajo y te decía: “Il faut recommencer” (debes comenzar de nuevo).

Cada puntada es como un aguijón que penetra la tela. ¿Qué pasa cuando pinchamos la tela? ¿Será que me pincho a mí mismo? ¿Pincho mis errores? ¿Pincho mi condición humana para desinflarme y hacerme más liviano (como un globo agujereado)? ¿Pincho mi orgullo con la aguja? ¿Mi estupidez? ¿Mi boca habladora? ¿Pincho mi ruido interno? ¿Pincho mi Karma pasado?  Todo esto y más. Coser un kesa es volver a coserse uno mismo. La atención y observación necesarias hacen de tu trabajo un renacimiento. Solo un verdadero budista puede entender esto. Vuelves a coser tu mente. Pones todo en orden dentro de ella. Leer más…

Entrevista a Pavol Lanchkovich

La postura de zazen ha decendido de los cielos

Sodo Yokoyama

Sodo Yokoyama en el Memorial Park de Komoro

En el verano de 1979, cuando era estudiante de doctorado en la Universidad de Tokio, organicé un retiro de un fin de semana de estudio para un grupo de mis compañeros del Departamento de Psicología. Dejamos el calor y la congestión de Tokio por el aire fresco de la montaña de Komoro, en la prefectura de Nagano.

Una tarde nos dimos un paseo por las ruinas de Parque Conmemorativo del Castillo de Komoro. Caminando, vimos a un extraño anciano, sentado perfectamente recto y tranquilo, bajo su carpa, frente a un brasero de carbón portátil. Su porte digno era inconfundible. Lo observé durante un momento. Me estaba preguntando si este viejo estaría sentado en zazen, cuando rápidamente echó un vistazo hacia nosotros. Arrancó una hoja de una rama de un árbol cercano. Con dos dedos la apretó plana contra sus labios y silbó una simple, inquietante melodía. No estábamos muy seguros de qué hacer, así que simplemente continuamos nuestro camino. Alguien en nuestro grupo dijo que “[el anciano] estaba tocando una flauta de hierba. Muy inusual para un mendigo sin hogar… ” Leer más…