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Gyoji: “Práctica continua” (Teisho II: “Mantener la actividad”)

La práctica continua o gyoji de los Budas y Ancestros Despiertos es simplemente la actualización de la Realidad. Lo que Dogen llama gyoji lo he traducido simplemente como “práctica continua” a lo largo de este texto. Pero muchas otras traducciones son posibles. Un examen de algunas de estas alternativas puede ayudar a esclarecer la amplitud de lo que Dogen está tratando de decir y de lo que estamos realmente practicando.

Hay un término sánscrito, brahma-carya, que significa “una conducta pura o sin mancha”. Es muy común en diversas tradiciones filosóficas y religiosas indias aún hoy, donde a menudo se puede entender simplemente como celibato. El uso de este término en el contexto budista es muy diferente y sin embargo se tiende a decir “conducirse inmaculadamente” o “elevadamente” en el sentido de tener una vista o perspectiva panorámica, haciendo lo que establece el Dharma y no haciendo lo que no establece el Dharma. Carya es “conducta” o “hacer” o “práctica” y brahma es “lo más alto”. Lo que significa estar alineado o en sintonía o abierto a un contexto más grande. La versión en japonés de este término es bon para brahma y gyo para carya y se presenta en frases tales como bongyo-jikai o “la práctica pura de mantener los preceptos”.

El término gyoji, entonces, se puede entender como una forma abreviada de bongyo-jikai o indicar una implicación con el mismo. Gyo significa acción, conducta, comportamiento, práctica, lo que se hace. Ji significa guardar, mantener, sostener, preservar, continuar. “Guardar” no significa aquí aferrarse a algo. Alguien que sostiene o guarda un conjunto de preceptos, por ejemplo, los mantiene cuando los pone en práctica viviéndolos.

Gyoji, entonces, puede significar la “práctica de mantener los preceptos”. Puede significar “sostener o defender la práctica”. Puede significar “actividad sin fin”. Puede significar “acción incesante”, “esfuerzo sostenido”, “mantener activamente” y así sucesivamente.

A veces Dogen dice que se debe practicar continuamente en el sentido de mantener una aplicación coherente de las instrucciones. Pero también dice que gyoji o “práctica continua” es lo que sostiene o mantiene o manifiesta la totalidad de la Realidad.

Por ejemplo, a continuación, el texto dice:

El mérito de esta práctica continua sostiene a uno mismo y a los demás. En un momento de mi práctica continua, toda la tierra, el cielo, las diez direcciones, son impregnados por ella. Aunque podrías no ser consciente de ello, aunque los otros pudieran no ser conscientes de ello, así son las cosas. A través de la práctica continua de todos los Budas y Ancestros, nuestra propia práctica continua se actualiza y el Camino de los Budas se abre para nosotros. A través de nuestra propia práctica continua, la práctica continua de todos los Budas y Ancestros se manifiesta, y el Camino de los Budas se abre. A través de nuestra propia práctica continua, el mérito de la Vía gira sin principio. A través de esta práctica continua, cada Buda y Ancestro actúa como un Buda, se trasciende siendo Buda, comprende íntimamente la mente como Buda, y se perfecciona como un Buda, sin fin.

Es por esta práctica continua que hay sol, luna y las estrellas. Es por esta práctica continua que existe la tierra y el cielo abierto. A través de esta práctica continua hay un dentro y fuera, cuerpo y mente. A través de esta práctica continua surgen los cuatro elementos y los cinco skandhas.

Así pues, nuestra práctica continua es alinearse con el ir y venir, con la actividad que se presenta como el sol, la luna y las estrellas, como sonidos, como árboles, como lluvia que cae. La cascada incesante de experiencias es la corriente de la práctica continua, la incesante actividad que mantiene activa o pone de manifiesto una lengua, un diente, un Buda, la tierra y el cielo abierto.

Las diez direcciones son activas sin fin como tu propia práctica continua. El cuerpo y la mente, los cuatro elementos, tierra, fuego, agua y aire y los cinco skandhas de la forma, la reactividad, la simbolización, los patrones y la conciencia son todas manifestaciones de la actividad sin fin. Alinearse con lo que se manifiesta en lugar de limitarse a lo que es manifiesto, con el ir y venir más que con el ir y venir de cualquier cosa en particular, es práctica continua.

Tanto si se es consciente o no de este sostenimiento activo que impregna las diez direcciones cuando tú mismo mantienes la actividad, la Vía de los Budas se abre para ti, como tú te abres a ella. Tanto si alguien lo advierte como si no, tu práctica continua impregna y te sostiene a ti mismo y a los demás.

Esto es muy difícil de entender, pero esta es la forma en que son las cosas, la Vía de los Budas. Todas y cada una son la actividad sin fin que te impregna y sostiene, y que, a su vez, tú las impregnas y sostienes en una práctica continua.

Para volver al texto:

Mientras que la práctica continua no es normalmente algo por lo que la gente tenga alguna afición, sin embargo, es el verdadero refugio de cada uno. A través de esta práctica continua de los Budas del pasado, presente y futuro, los Budas del pasado, presente y futuro se manifiestan. Los méritos de esta práctica continua son a veces evidentes, y entonces los seres se despiertan y comienzan a practicar. A veces, estos méritos de la práctica continua no son evidentes, por lo que los seres no los ven ni oyen y no llegan a comprenderlos. Pero se debe entender que a pesar de que estos méritos no aparezcan ante nuestros ojos, no están ocultos. No le afecta el ocultarse, revelarse, el esplendor o la decadencia.

Lo evidente para una persona es sólo aquello a lo que está acostumbrado. De vez en cuando, algo se destaca, algo ocurre, algo pasa que no se espera. Por lo general, la primera reacción es el miedo. Si después del miedo, aquello que sucedió no fue tan malo como se esperaba, o no lo fue en absoluto, entonces sonríen aliviados tan pronto como vuelven al círculo de lo ya conocido. El giro de la rueda de la práctica continua puede parecer muy lento debido a que la actividad sin fin —que es un continuo ir y venir a cada momento- se mueve tan rápido que es, por lo general, apenas imperceptible. Y cuando lo es, lo es porque ha caído un nuevo cumpleaños o porque la extrañeza de un lunes por la mañana se nos antoja de repente clarificadora.

La práctica continua de zazen y la Vía de los Budas ciertamente no parece ser nada digno de interés. Tal vez la persona ve una fotografía en una revista acerca de un famoso cantante que ha estado viviendo en un monasterio zen durante algunos años. «¡Oh, qué extraño! ¿No tiene un aspecto divertido? Ja, ja» O tal vez han oído hablar del zen como algo que tiene que ver con samurais, el sushi, las películas anime de robots gigantes, y jardines de piedra, sin flores. Sin embargo, cogen un libro, o buscan en un sitio web, o ven un cartel anunciando un taller de introducción a la práctica y hay algo en este encuentro que los mueve. Por supuesto, con independencia de lo que les movió en un principio, cuando llega la hora de ponerse cara a la pared y hacer zazen, por lo general, pierden el interés. Algunas personas, sin embargo, llegan al monasterio para recibir una introducción a la práctica. Las túnicas que los monjes usan son interesantes, el zendo tiene un aspecto extraño y un poco algo así como en una película, pero no hay acción. «¿Dónde están los samurai? ¿Cuándo se toma un poco de sushi? ¿Estoy ya iluminado?» Algunas personas están asustadas, no tanto por la extrañeza de los hábitos negros y las cabezas rapadas, sino por lo extraño que les resulta todo lo que se dice y hace en el monasterio. «Por supuesto, los pensamientos son sólo pensamientos. Ya lo sé. Estaba pensando en eso. Lo que quiero saber es ¿por qué no puedo mirar a mi alrededor a todos los demás en la sala después de que se toque la campana?»

Algunas personas, sin embargo, son impactados por la simple sensación de sus manos tocando el suelo de madera y cómo los profesores apuntan a la riqueza de esta simple sensación. Algo que no sólo tiene que ver con el entorno del monasterio, ni con la conducta de los monjes, ni con la curiosidad, los conmueve. Algo se hace evidente para ellos, pero ellos no saben lo que es. Lo reconocen porque a lo largo de sus vidas se ha hecho evidente en algún extraño momento. Sin embargo, aunque se reconozca, es difícil decir qué es. De hecho, tan pronto como la persona trata de comunicarlo a otros, desaparece por completo[…] Sin embargo, las instrucciones que se dan acerca de la atención plena en la respiración, de abrirnos a los sentidos, les están diciendo de manera muy directa la forma de seguir adelante con lo que ha sido reconocido.

Si la persona continúa en su práctica, tendrá que dejar atrás el recuerdo de lo que originalmente le trajo, con el fin de avanzar en el mundo ordinario de los Budas y Ancestros Despiertos. Cualquier cosa que les llegara a ser evidente, no será todo lo que hay que ver sobre la actividad continua que les sostiene. Pero para verlo, deben verlo con los ojos que son la actividad sin fin de la práctica continua como práctica continua. No es que la práctica continua y sus méritos se escondan de ellos, aunque nunca se puede convertir en algo aparte de ellos que pueda recogerse y mostrar a los demás. El mérito, el poder, la energía sin fin de la práctica continua es primordialmente así, independientemente de si se reconoce o no, e independientemente del ir y venir de los momentos de confusión y claridad. Lo que se descubre por la práctica continua es quién eres, la luminosidad que es radiante en cada uno y en cada cosa de este ir y venir.

Dogen Zenji dice:

Podrías no ser consciente de qué circunstancias están detrás de su práctica, pero es la práctica continua la que te actualiza incluso en tu no saber. La razón por la que no lo comprendes es que la práctica continua no es algo especial. La interdependencia resultante de las condiciones es la práctica continua, pero la práctica continua no se genera de forma condicionada. Deberías diligentemente llegar a comprender esto.

Cuando pensamos en ello, nunca podemos realmente comprender por qué practicamos el Zen. De hecho, cuanto más definimos lo que hacemos y porqué, mediante el traqueteo de pensamientos y tendencias, menos entendemos nada de la práctica del Zen. Cuando sólo queremos ocultar, cuando pretendemos darle a todo una forma estable y segura e incuestionable, entonces la práctica pierde todo su sentido para nosotros. Si estamos buscando algún estado místico especial de la mente con el que definirnos, la práctica siempre nos dejará insatisfechos. E incluso cuando hemos descubierto que no tenemos más remedio que practicar y seguirla hasta el final, dondequiera que se encuentre y más allá, hasta el final de nuestros días y más allá, todavía no podemos comprenderlo: ¿Cómo es posible que alguien tan lleno de miedo, de apego, de falta de sinceridad, pudo haber entrado en contacto y se le permitiera tener nada que ver con esta increíble e incomprensiblemente maravillosa, majestuosa, delicada y vasta práctica?

No podemos encontrarle sentido, sino a través de ver, oír, tocar, saborear, oler, pensar y sentir todo junto como un todo. Gyoji no es una cosa especial, algún evento extraordinario que experimentar. La práctica continua es simplemente la actividad sin fin que aparece como cuerpos y mentes, como aire y cielo, como sentarse y caminar. No se puede entender tratando de ponerse debajo de ella o sobre ella o detrás o delante, sólo se puede entender sentándose con la espalda recta como tal, de pie como tal, pensando y viendo y moviéndonos como tal.

El surgimiento interdependiente de condiciones, lo que significa que “eso” se debe a “esto”, es en sí mismo práctica continua. Pero la rueda de la práctica continua es perfecta, es una rueda que gira sin fin. Que no se produce a causa de esto o aquello, yo u otros. La actividad sin fin de la práctica continua es siempre sin mancha y por ella se liberan las diez direcciones del mundo. Un solo momento de tu práctica continua sostiene y libera a los Budas y Ancestros y abre la Vía para ti mismo y todos los seres para que dejen atrás todas las condiciones. Viendo con los ojos de la práctica continua, podemos comprobar que cada ser actúa como un Buda, se trasciende siendo Buda, comprende claramente la mente como Buda, y se perfecciona como un Buda, sin fin.

Anzan Hoshin

[White Wind Zen Community]

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  1. Anais
    14 diciembre 2010 en 22:36

    Gasho Enrique

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