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Gyoji: “Práctica continua” (Teisho III: No “ahora esto, ahora lo otro”)

Último, por ahora, capítulo de esta serie. Estaba ya cansado de traducir pero es que este es mi preferido 😉

Buena práctica

Dogen

Image via Wikipedia

La actividad sin fin del Espacio Consciente que nos sostiene a nosotros y a todos los seres es ilimitada. Nace y muere como las diez direcciones del universo y como todos los espacios y lugares, las piedras y las hojas, y los distintos aspectos que suben y bajan dentro de estas diez direcciones.

Nuestra conciencia de ello se limita a lo que observamos y la mayor parte de lo que observamos está limitado por los tres klesas de la pasión, la agresión y la estupidez. Cuando movemos nuestras manos y pies, la actividad de luminosidad sin fin mueve las manos y los pies., y es las manos y los pies. Pero no nos damos cuenta porque casi con cada paso, no sentimos ese paso. Estamos demasiado ocupados escapando de algo que sucedió en el pasado o persiguiendo algo que podría o no suceder en el futuro. Si nos damos cuenta de nuestros pies, por lo general es porque esperamos que alguien admire nuestros zapatos o por una ampolla en la parte posterior de nuestro talón. Tomamos una copa, pero no sentimos ese toque íntimo, ya que nos centramos sólo en lo que vamos a hacer con la copa.

Pero manos y pies no están encerrados en una dura concha que deba ser rota. No hay nada que nos impida sentir la copa en nuestras manos, de estar justo donde nos encontramos, de estar vivos en nuestra vida. Podemos respirar este aire. Podemos ver, podemos oír. Podemos dejar de estrechar y centrar la atención en bucles discursivos absurdos, repetitivos y obsesivos y otras tantas tonalidades emocionales. Podemos. No hay nada que nos impida dejar de hacer eso.

Cuando empezamos a abrirnos a nuestras vidas tal como son, como los Budas y Ancestros Despiertos nos invitan a hacerlo, entonces hay un margen para darnos cuenta de cuánto espacio está disponible para nosotros para vivirlo. Cuando practicamos la Vía que nos ha sido tan generosamente expuesta por nuestro linaje de Budas y Ancestros Despiertos, empezamos a darnos cuenta que este espacio se está abriendo en forma de nosotros y que nosotros mismos nos estamos abriendo como tal espacio.

Cuando estamos sentados, de pie, caminando y tumbados dentro de la práctica continua, entonces nuestra práctica continua es la actividad ilimitada de las diez direcciones. La actividad sin límites que es la práctica continua ha sido siempre así, tanto si la hemos practicado como si no. Actividad sin límites, práctica continua, tesoro de luminosidad, actividad del Espacio Consciente, no es una esencia abstracta o idea religiosa. Se convierte por nosotros en algo real, como lo fue siempre cuando practicamos continuamente esta actividad sin límites, al manifestar y sostener los preceptos y las instrucciones. Cuando nos enganchamos activamente con la Vía, entonces no hay forma en que la Vía no nos satisfaga y no hay forma de estar separados de ella. La práctica continua nos sostiene activamente a través de la práctica continua.

Así que, Dogen Zenji dice:

La práctica continua que actualiza la práctica continua no es otra cosa que nuestra práctica continua ahora. El inmediato “ahora” de la  práctica continua no es algo que hayas traído contigo de antes de ahora. El ahora de la práctica continua no surge de, o va a, o entra en, o sale de, un “yo”. El tiempo que llamamos “ahora” no existía antes de la práctica continua.
El momento en que la práctica continua se manifiesta es lo que puede llamarse “ahora”.

La práctica continua es ilimitada, pero se actualiza a cada momento de práctica continua. Es sólo a través de este tipo de exposición a esta realidad de la experiencia que zazen representa, que hay un momento presente, un “ahora” absoluto.

Aunque lo que pretende ser un “yo”, el patrón y congelación del Conocimiento como un conocedor que conoce conocimientos, no puede vivir en otro tiempo que ahora, nunca puede conocer este “ahora”. Siempre tomando o soltando. Este momento inmediato no es la idea de un “ahora” que los estudiantes a menudo luchan por ser conscientes en los comienzos de su práctica. “Ahora” no llega por ninguna estrategia de “estar aquí”. No es producto de ninguna de las acciones o intenciones de nuestra auto-imagen.

Momento tras momento, la auto-imagen se cuenta a si misma historias sobre sí, cae dentro de un estado u otro. Ahora se siente atrapada y constreñida, ahora se siente libre y cómoda. Ahora quiere morir, ahora quiere matar a alguien, ahora quiere hacer un pis, ahora quiere invitar al mundo entero a tomar una cerveza. Ahora quiere sexo, ahora no quiere ser tocado. Ahora está diseñando su nueva casa, ahora tiene miedo de ser un sin techo. Ahora está iluminada y sabe —no importa lo que su maestro diga- que el pastel de cabello de ángel o las tabletas nutricionales de alga azul o el zumo de paja de trigo es el alimento elegido por los Budas y Ancestros Despiertos, y que a todo estudiante se le debería exigir tomarlos en cada comida. Y ahora se siente como una idiota porque dijo todo esto en voz alta. En el ir y venir de todos esos momentos, todo lo que te está ocurriendo son esos estados, pero ninguno de ellos lo has experimentado en absoluto.

“Ahora esto” y “ahora aquello” no es el inmediato “ahora” de la práctica continua. Pero el hecho es que no hay otro “ahora” que el ahora de gyoji. “Ahora” es la actividad ilimitada que se ejercita y sostiene cielo y tierra, el sol y la luna, y las más lejanas extensiones del espacio ilimitado a lo largo de las diez direcciones. Así como las tres dimensiones -anchura, profundidad y altura- son los aspectos de esta actividad sin límites, también lo es el ir y venir que llamamos “ahora” o “tiempo”. Y sólo cuando nos sentamos honestamente, nos ponemos de pie justamente, caminamos cada paso, y nos acostamos sin titubeos a través de la práctica continua es cuando realmente se evidencia algo para nosotros que se puede llamar “ahora”.

Dogen Zenji dice:

Así, un día de práctica continua llevado a cabo por nosotros es la semilla de todos los Budas y es la práctica continua de todos los Budas. A través de esta práctica continua, todos los Budas se manifiestan y sostienen.

Esta referencia a “un día” nos muestra el uso extendido que se hace de la frase siguiente: “Vivir de cien años sin darse cuenta de su propio potencial para despertar vale menos que vivir un solo día y darse cuenta de ello.” Esta frase la atribuye Gayashata a Buda en el Capítulo 2 del Jingde Chuandenglu. […]

El punto que Dogen señala aquí es que tu propia práctica de ahora, en este momento, durante todo el día, continuamente, es la que proporciona la semilla para el despertar de los todos los Budas, lo que significa todos los Budas del pasado, presente y futuro. Resulta evidente que gracias a los Budas del pasado es posible que tu práctica tenga lugar ahora. Es fácil entender que nuestra práctica de ahora mismo crea el despertar de la gente en el futuro. Si no practicamos la Vía, ¿quién lo hará? Si no comprendemos la Vía íntimamente y la hacemos disponible para los demás, en el futuro, ¿quién lo hará? A través de tu práctica continua la Vía prosigue tal que el Despertar se hace posible para las generaciones venideras. Pero ¿cómo es que tu práctica hace posible a los Budas del pasado? La práctica continua, gyoji, impregna no sólo “toda la tierra, el cielo, las diez direcciones”, sino la totalidad del campo total de todas las posibilidades, el Dharmadhatu. Todos los tiempos y lugares tienen lugar en él ahora, y todo tiempo y lugar es la incesante actividad que supone la práctica continua. Y por tanto, no es realmente una cuestión de tú y ellos, de pasado y presente o futuro, sino de práctica continua.

Dogen Zenji dice:

No practicar continuamente lo que debe ser practicado continuamente es despreciar a Buda, es dejar de honrar a Buda, es despreciar la práctica continua, es no nacer con el Buda y morir con el Buda, es no estudiar y practicar como el Buda. El momento de abrirse la flor y la caída de las hojas son la actividad de la práctica continua. Pulir un espejo y romper un espejo no es otra cosa que la práctica continua.

Hablar en términos de ser devoto de Buda y honrar a Buda no es algo que signifique mucho hoy día para nosotros. A medida que nuestra práctica se profundiza y se abre, naturalmente nuestro reconocimiento y aprecio por lo que nuestro Maestro y linaje nos ha dado con esta práctica, también se profundiza y se abre. Pero todos somos conscientes de los peligros de ser guiados por la devoción. “Nacer con el Buda y morir con el Buda, estudiar y practicar como el Buda” nos dice algo más, creo. Mediante la práctica continua nos volvemos íntimos con la realización y la práctica del Buda, nosotros mismos encarnamos a Buda. Pero, por supuesto, si “no practicamos continuamente lo que ha de ser practicado continuamente” nos alejamos de esta toma de conciencia íntima y caemos en el aislamiento de nuestras pequeñas historias y delirios, separados no sólo del Buda, sino también de nosotros mismos y de todos los demás, y del mundo en su conjunto. El florecimiento del reconocimiento, el despojarse de los delirios, pulir el espejo de la luminosidad y, a continuación, ¡hakyo!, romperlo de manera que no haya superficies o límites por ningún lado, todos estos son aspectos de la práctica continua.

Dogen Zenji dice:

Y así, a veces se puede tratar de evitar la práctica continua y disfrazar este engaño diciendo que “incluso evitar la práctica continua es en sí una práctica continua”. O se puede ir de aquí para allá aspirando a la práctica continua, como si la aspiración fuera lo mismo que ella. Todo esto es como el hijo que abandonó el tesoro de su padre y vagabundeó pobre por tierras extrañas. A pesar de que los vientos y las tormentas no le robaron el cuerpo y la vida, permanecía perdido sin la herencia que le pertenecía. Buscando de esta manera, se olvida de tomar el tesoro del Dharma de su verdadero padre. Y por eso, no dejamos de lado la práctica continua ni por un segundo.

Hemos hablado de la estrategia de tratar de utilizar el Zen como un adorno para poner un poco de brillo al polvo del rancio y viejo círculo de comer y cagar, comer y cagar, al decir que “la vida diaria es mi práctica”… sin hacer zazen y mucho menos práctica continua.

Hay otra estrategia de evasión que inicialmente puede parecer un poco más esmerada. Podríamos desarrollar una idea de lo que es la práctica continua y ponernos en su búsqueda, pasando de las instrucciones que se nos han dado. Sin haber renunciado a nuestras estrategias lo suficiente para incluso haber dejado de tratar de ser conscientes de las sensaciones de nuestra mano, formando una imagen mental de la mano e intentando sentir eso, o tratar de sentir la mano “ahí abajo” desde “aquí arriba”, detrás de los ojos, queremos captar lo que nos imaginamos es la práctica profunda. Hemos oído decir que “debido a esta práctica continua, hay sol, luna y estrellas; debido a esta práctica continua, existe la tierra y el cielo abierto”, y pensamos: “¡Oh, eso suena bonito! Ya lo voy pillando”. Escuchamos que “la práctica verdadera impregna todas las direcciones” y ponemos una brújula bajo el zafu. Hemos oído decir que “este mundo de las diez direcciones es una simple joya brillante” y compramos un cristal brillante y lo colgamos de una cadenita delante de nosotros para que lance luces de arco iris alrededor de la sala, al igual que nuestro espíritu, que resplandece de amor y da a cada ser en el mundo un bonito y gran abrazo. Nuestros asesores en la práctica nos hablan de “la atención en las sensaciones del cuerpo”, de “practicar realmente las formas”, de “usar la respiración como una piedra de toque”, y cosas aburridas como “sentir el espacio con el espacio” y ser “directamente brillante”, tal como el Maestro Zen dice. Siguen pidiéndonos volver a la puerta y repetir gassho-monjin y nos roban nuestro tiempo cuando lo que queremos en realidad es hablar sobre la reencarnación.

Dogen dice que todo esto es como la historia del capítulo 4 del Sutra del Loto. Él hace varias referencias a ella más adelante en el texto, por lo que haremos una breve exposición de la parábola. El sutra describe a Mahakasyapa y otros estudiantes de último año contando una parábola de la nueva comprensión que han adquirido por la revelación del Buda de sus medios hábiles para guiarlos hacia el Vasto Camino:

Un niño se escapa de su padre y se va a una tierra extranjera donde crece y envejece, pobre, como un vagabundo solitario. A la edad de cincuenta años, ha estado simplemente sobreviviendo, teniendo pequeños trabajos aquí y allá. En sus andanzas, por casualidad, se tropieza con la casa de su padre. Ha estado fuera tanto tiempo que no reconoce a su padre, ahora señor de una gran mansión con almacenes de joyas, establos, etc. De hecho, él se asusta ante la magnificencia de su padre y se escabulle en los vertederos. Su padre, sin embargo, lo reconoce. El padre desea recuperar a su hijo y entregarle la herencia de toda esta riqueza, pero la visión de este hombre rico y poderoso ha llevado al hijo a escabullirse lejos. Así que envía a sirvientes para que contraten al hijo para barrer el estiércol de las cuadras. El padre lentamente entra en contacto con el hijo, una vez incluso él mismo se restriega con la suciedad para no asustar al pobre mendigo. El hijo se va acostumbrando a la riqueza de su entorno y recibe muchos ascensos y amabilidad por parte de su señor. Con el tiempo, muestra una gran honestidad e integridad y se vuelve más importante en el hogar. Sin embargo, aún tiene un sentido de ser un don nadie, por lo que el padre no le revela la verdadera naturaleza de su relación. Por último, en su lecho de muerte, el padre confirma ante todos los criados que se trata de su hijo y que toda la riqueza de la familia le pertenece.

Toda la riqueza que yace en el Shobogenzo, el Tesoro del Ojo de la Realidad Absoluta, de los Budas y Ancestros Despiertos ya es tuya. En lugar de andar de aquí para allá, siendo arrastrado por los vientos y las tormentas de la esperanza y el miedo, por favor, ven aquí y simplemente siéntate en zazen. Ahora incorpórate. Si bien no resulta tan radical como barrer estiércol, tenemos algo de limpieza por hacer.

Anzan Hoshin

[White Wind Zen Community]

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  1. Mar
    18 febrero 2011 en 11:16

    Después de la tormenta, sale el sol!!.. creo que estoy en otros tiempos y no en el presente… hay cosas que a veces nos superan.. y no podemos ni estar… a veces cuesta hasta existir… pero no por ello debemos abandonar nuestra práctica… nos vemos!!. Gassho. Un beso

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