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Nieve

Un título con sabor a despedida de este invierno…  Buena práctica.

Esta mañana ha caído la primera nevada real del año. Para comprender la nieve simplemente hay que verla, sentirla. Si intentases buscar dentro del cielo y dentro de las nubes para tratar de discernir de dónde viene exactamente un copo de nieve, lo máximo que podrías hacer es especular. El copo de nieve se mueve rápidamente girando y bailando en la brisa, mientras cae y se posa. Es muy difícil poner la mirada en un solo copo. Pero realmente no necesitas hacerlo. Todo lo que tienes que hacer es echarle un vistazo mientras lo ves girar y girar y tendrás alguna comprensión de lo que es un copo de nieve. Extiendes una mano desnuda y el copo de nieve se derrite al contacto con ella.

Los pensamientos surgen y desaparecen. Los sentimientos se mueven como nubes y los pensamientos caen desde estas nubes. Cuando no entendemos nuestros pensamientos podríamos querer buscar alguna razón en especial por la que tenemos tal o cual pensamiento en particular. Alguna razón por la que sentimos de la forma en que sentimos. No podemos comprender un pensamiento o un sentimiento de esta manera; únicamente podemos especular. Para comprender el pensamiento, échale un vistazo así como es. Mira su movimiento. Mirad cómo el sentimiento se mueve no sólo a través de la mente, sino a través del cuerpo surgiendo en el vientre, la espalda, el pecho, los muslos, las pantorrillas, quizás en cómo se mantienen las manos, el ángulo de los hombros, en tu mirada, si es dura o bien blanda, en cómo de claro escuchas los sonidos. Cómo te mueves libremente, o por contra, si los movimientos quedan obstaculizados por la incomodidad que surge cuando el cuerpo se contrae en esa postura que simboliza el estado mental que ha surgido.

Si quieres comprender estos estados, debes mirar directamente. Debes en primer lugar dejar a un lado la especulación. Una de las primeras cosas que notas cuando te permites aquí mismo sentir directamente, es que los pensamientos y los sentimientos no surgen de ningún lugar en particular. No podemos encontrar un pensador que esté dando lugar a los pensamientos. Los pensamientos simplemente surgen, los sentimientos simplemente surgen. A veces los pensamientos y sentimientos van de la mano. […]

Un sentimiento de tristeza viene a nosotros y empezamos a preguntarnos por qué nos sentimos tristes. Entonces miramos a nuestro alrededor buscando una historia que contarnos para explicarnos por qué estamos tristes; o quizás para justificar el estar tristes, o quizás para ponernos más tristes. Luego sentimos que estamos realmente tristes y nos definimos a nosotros mismos por la tristeza. En lugar de simplemente permitir al sentimiento de tristeza surgir y luego caer, nos agarramos a él y lo congelamos. Lo hacemos tan sólido como nos es posible a través de pensar sobre ese sentimiento, en lugar de experimentar directamente el sentimiento. Entonces, nos vemos lastrados más y más a medida que ese sentimiento se hace más denso, a medida que apilamos pensamiento sobre pensamiento encima de él, de la misma manera que la nieve se posa sobre la corriente del riachuelo y el frío y el aire empiezan a hacer más densa la superficie de la corriente hasta convertirlo en algo bastante duro. La nieve continúa cayendo. Se apila más alto, más alto, hasta que ya no puedes decir dónde empieza y dónde acaba la corriente y la ribera; pero todavía, bajo el hielo, la corriente fluye. Se mueve rápidamente surgiendo con toda vitalidad.[…]

A pesar del peso y la densidad que se produce cuando permitimos que nuestros pensamientos y sentimientos se acumulen, siguen siendo una mera cobertura del flujo rápido y dinámico de nuestra vida, que sigue mostrándose como éste ver, oír, tocar, saborear, oler, así como pensar y sentir. Para comprender nuestros pensamientos y nuestros sentimientos debemos verlos tal como son. Y esta comprensión empieza a cambiar cómo son. Cuando ves un pensamiento surgir y lo ves claramente, entonces también lo ves caer; y entonces el pensamiento se desvanece, el sentimiento se desvanece. Otro pensamiento surge y es visto claramente, y también se le ve desvanecerse. Cuando la nieve cae en el otoño temprano y se desvanece antes de que incluso toque la tierra, puede girar y bailar en el cielo, pero de cualquier manera se desvanece antes de alcanzar la tierra. Cuando nos permitimos directamente vislumbrar los pensamientos y sentimientos que surgen, pensamientos y sentimientos muestran su propia naturaleza de impermanencia y apertura incluso más claramente.

Entonces empezamos a comprender que los pensamientos y sentimientos no surgen por una razón en particular sino simplemente se muestran como ejercicio de la unión de condiciones y que parte de este ejercicio lleva consigo que se desvanezcan. Los pensamientos no tienen el sentido de apilarse porque la impermanencia es su verdadera naturaleza.

Únicamente podemos comprender verdaderamente la belleza de un pensamiento cuando podemos observarlo de la misma manera en que observamos la primera nevada, de la misma forma en que observamos la exquisita danza de la nieve. A medida que observamos los pensamientos surgir y caer empezamos a sentir la belleza y dignidad que hay en ello, porque la mente piensa de la misma manera que la nieve cae. No hay nada erróneo en los pensamientos salvo cuando nuestro ver se cubre con pensamientos y nuestra comprensión es lastrada bajo pensamientos y sentimientos; entonces nuestra vida siente que es aplastada por ese peso. Se siente retenida por esa presión. Nuestra comprensión es como un fuego, como un gran calor, como la luz del sol. Cuando logramos traer esta comprensión sobre nuestra vida, el brillo de nuestra vida se extiende en las diez direcciones. Todo lo que surge, cae. Todo lo que viene, va. Empezamos a entender que cada pensamiento es siempre nuevo. Cada sentimiento es siempre nuevo. Cada respiración es siempre nueva. Cada momento nunca ha sido vivido antes. De la misma forma que el copo de nieve baila, gira y se desvanece, así ocurre con esta respiración, así ocurre con este pensamiento, así ocurre con este sentimiento.

Cuando practicamos, nos sentamos con las piernas, las rodillas, los pies, las manos, el vientre y la espalda, los brazos y hombros, cuello, lengua, dientes, orejas, ojos, y cabeza; y nos sentamos con nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Nos sentamos con la respiración y con la respiración de todos aquellos que se sientan a nuestro alrededor; el sonido de nuestra respiración y los sonidos de aquellos que se sientan a nuestro alrededor; y los sonidos de la calle; y el delicado sonido de la nieve cayendo al otro lado de la ventana.

Nos sentamos para comprenderos a nosotros mismos. No para contarnos historias sobre nosotros mismos. No para dar una explicación de nosotros mismos ni de nadie, sino para comprendernos a nosotros mismos y a través de esta comprensión, empezar a entender nuestro mundo. Empezar a comprender lo que significa ser verdaderamente un ser humano.

Por favor, disfruten de ustedes mismos.

Anzan Hoshin

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