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Contra la autocomplacencia

Esta semana del 9 al 14 de mayo, Raphaël Doko Triet estará en Seikyuji. El 14, dirigirá una jornada de zazen allí.

Os dejo con un fragmento de uno de los libros de Shunryu Suzuki, rescatado por mi querrridísima que tuvo a bien leérmelo… una noche de estas. Mnogo blagodaria!

De vez en cuando, Shunryu Suzuki hacía algo espectacular para sacudir un poco a sus alumnos, para sacarlos de sus rutinas, de sus ensueños, para devolverlos al terreno de la inseguridad, donde podían volver a situarse en lo que él llamaba “práctica de principiante”. Una mañana, en medio de la armonía individual y colectiva, que había crecido gracias a sus esfuerzos en el zazen y en la práctica. cuando el nivel de confianza estaba en su apogeo, Suzuki hizo sus saludos matutinos, caminando en gassho alrededor de la habitación por detrás de sus estudiantes sentados en sus zafu. Se inclinó ante el altar y volvió a su posición en su tarima, de cara a la habitación, tal como hacía a diario. En medio del periodo se levantó, enderezó algunas posturas, golpeó a un cabeceante Bill Kwong en su hombro, dos veces en cada uno; tal como hacía a diario. Luego regresó a su asiento y prosiguió con el zazen. Entonces, de improviso, surgió de la pequeña forma de Suzuki el sonido gutural de un enfadado león.

“¡Creéis que hacéis zazen! ¡No hacéis zazen! ¡Estáis perdiendo el tiempo!”
Saltó de su cojín y voló hacia el pasillo, golpeando con fuerza cuatro veces a cada persona, dos veces en cada hombro, rápido como un rayo, con sus hábitos volando a sus espaldas, produciendo un tornado en el zendo. Luego regresó a su puesto en silencio, dejando la habitación y a sus sorprendidos ocupantes electrificados.

Cuando se inclinaron ante Suzuki en la puerta al irse después del servicio, estaban algo menos seguros de sí mismos. Los miró directamente, pero sin ras­tros de ira, como si todo fuera normal. La autocomplacencia y el orgullo habían caído por el suelo. Utilizar el bastón de ese modo constituye una práctica tradi­cional en el zen japonés, conocida como rensaku. Suzuki la utilizaba de vez en cuando, a menudo sin decir palabra alguna.

Creo que nuestra enseñanza es muy buena; muy, muy buena. Pero si nos volvemos demasiado arrogantes y creemos demasiado en nosotros mismos, nos perderemos. No habrá enseñanza, no habrá budismo. Por lo tanto, cuando descubrimos el gozo en nuestras vidas, en nuestra compostura, y cuando no sabemos lo que es, cuando no entendemos nada, entonces nuestra mente es muy grande, muy amplia. En ese caso, nuestra mente está abierta a todas las cosas. Para llegar a este punto, hemos de liberarnos de la arrogancia de creer demasiado en nosotros mismos y del tipo de mente egoísta, inmadura e infantil que siempre espera algo. Nuestra mente debería ser lo suficientemente grande para saber antes de saber algo. Deberíamos estar agradecidos antes de tener algo. Deberíamos ser muy felices sin nada. Antes de alcanzar la iluminación, deberíamos estar contentos de practicar nuestra vía; si no es así, no podremos conseguir nada en su verdadero sentido.

Del libro “Vida y enseñanzas Zen de Shunryu Suzuki”

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  1. Johne692
    15 mayo 2014 en 23:31

    Great, thanks for sharing this blog.Really thank you! aadedkffgafe

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