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Con todos los Budas y Patriarcas

Como el cole, el dojo cierra por vacaciones. Nos encontraremos de nuevo el primer sábado de septiembre. Y para el que quiera profundizar en la práctica, podrá hacerlo en alguno de los Campos de Verano que se organizan (ej. en Seykyuji (Sevilla), La Gendronniere, …).

En el último punto de Los Siete Puntos de la Práctica, dice Uchiyama “Cooperad los unos con los otros y proponeos crear un lugar donde los practicantes sinceros puedan sentarse sin conflictos.”

Este punto para mí tiene un gran valor. Me emociona particularmente porque sabemos del esfuerzo que supone en esta sociedad tan complicada, encontrar ese hueco en la vida de cada uno para… “hacer Shanga”.

Los dojos grandes son como un gran brasero (tomando el ejemplo de Kodo Sawaki)  donde numerosos carbones arden y crean una atmósfera muy fuerte. Se crea una inercia de práctica que facilita las cosas, y uno tiene la sensación que lo único que tiene que hacer es dejarse llevar. Otra cosa son aquellos dojos pequeños donde la ausencia de una persona en una hora concreta puede suponer una ausencia de un 20% de practicantes.  Me contaba con mucho gracejo un compañero de Shanga, responsable de uno de esos “pequeños” dojos, esos días en que te ves en el dojo teniendo como únicos acompañantes “a todos los Budas y Patriarcas”. Es que me encanta. En un dojo pequeño aprendes a digerir todas estas situaciones, y esto te obliga a confrontarte realmente con tu práctica, a tirar del carro, a hacer de casi todo… ¡para nada! (que diría mi oriental amigo). Desde ese punto de vista, un dojo pequeño es una gran oportunidad.

Hay una historia en el Eihei Koroku que habla de un monje novicio y un monje veterano que viajan en un barco. De repente un temporal se desata y hace naufragar el barco. El novicio encuentra una tabla flotando y se agarra a ella. El monje veterano no ha conseguido ninguna y permanece flotando en el agua. El novicio divisa a su compañero y va hacia él. Al acercarse, el monje veterano le pregunta “¿Has entendido ya la enseñanza del budismo?” Al instante el monje novicio, le acerca la tabla. En ese momento, el Gran Dragón, rey del mar, levanta una enorme ola que lleva al novicio hasta la orilla.

El Maestro Dogen comenta: “Este monje entendió la verdadera enseñanza del budismo, sin palabras, sin dudar.”

Estoy contento de participar en la creación de un espacio así. Por eso, me gustaría despedir el “curso” dando las gracias a todos aquellos que han sabido compartir su tabla; que con su actitud en la práctica han hecho realidad ese lugar donde los practicantes sinceros pueden sentarse sin conflictos, aunque a veces nos veamos practicando con todos los Budas y Patriarcas.

Os dejo con otro final, con el de la película “El río de la vida”, de Robert Redford (el que no la haya visto, que luego no me acuse de estropearle el final).

Buen verano. Nos encontramos en la práctica.

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  1. Dorian
    12 julio 2011 en 14:58

    ABRAZOS

    • SACRI
      14 julio 2011 en 11:05

      Abrazos y muchos besos. Espero que nos veamos pronto. Sacri

  1. 27 diciembre 2011 en 23:50

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