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Arbitraje en lugar de guerra

[Shaku Soyen, discurso en el Parlamento de las religiones del mundo, 1893]

Soy budista, pero por favor no sean tan estrechos de miras como para rechazar mi opinión tan sólo por ser expresada en la lengua de alguien que pertenece a una nación diferente, credo diferente y civilización diferente.

Nuestro Buda, el cual enseñó que todas las personas que confluyen en el budismo son totalmente iguales de la misma forma que todos los ríos que desembocan en el mar se convierten en iguales, predicó esto en el vasto reino de la India tres mil años atrás. No sólo Buda, sino también Jesucristo, así como Confucio, enseñaron sobre el amor y fraternidad universal. También reconocemos la gloria de la fraternidad universal. Entonces, verdaderos seguidores de Buda, verdaderos seguidores de Jesucristo, verdaderos seguidores de Confucio y seguidores de la verdad, unámonos por el bien de ayudar a los indefensos y vivir una vida gloriosa de hermandad bajo el control de la verdad. Esperemos tener éxito en quitarles la razón a aquellas personas obstinadas que se atrevieron a comparar a este Parlamento con las Cataratas del Niágara, diciendo: “Amplio, pero sin fruto.”

El derecho internacional ha sido muy exitoso en la protección de las naciones entre sí y se ha hecho un gran esfuerzo hacia el arbitraje en lugar de la guerra. Pero, ¿no podemos esperar que este sistema se lleve cabo a una escala cada vez más amplia, de manera que el mundo sea bendecido con la luz del sol eterna, gloriosa y brillante de la paz y el amor en lugar del clima nublado y sombrío del derramamiento de sangre, las batallas y las guerras?

No hemos nacido para luchar unos contra otros. Hemos nacido para iluminar nuestra sabiduría y cultivar nuestras virtudes de acuerdo con la orientación de la verdad. Y, felizmente, vemos el movimiento hacia la abolición de la guerra y el establecimiento de una sociedad de paz. Pero, ¿cómo se llevará a cabo esta esperanza? Simplemente con la ayuda de la religión de la verdad. La religión de la verdad es la fuente de la bondad y la misericordia.

No debemos hacer distinción alguna entre raza y raza, entre civilización y civilización, entre credo y credo, entre fe y fe. No debéis decir “largaos”, porque no seamos cristianos. No debéis decir “largaos”, porque seamos de color amarillo. Todos los seres en el universo están en el seno de la verdad. Somos todos hermanos y hermanas; somos hijos e hijas de la verdad, y vamos a entendernos mucho mejor unos a otros y a ser verdaderos hijos e hijas de la verdad. ¡La verdad sea alabada!

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