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La historia de Nishiari Bokusan

No cortar las ilusiones.

No buscar la verdad.

Extraída del Shodoka, de Yoka Daishi, esta frase es una de las más conocidas y más a menudo repetidas en la enseñanza Zen. “No escaparse, no correr detrás de” no es ni una idea ni un concepto sino el mundo entero percibido en la postura de zazen y acabado a través del cuerpo.

La enseñanza religiosa separada de la vida es mala; imprimirla en el fondo de cada una de nuestras células es hishiryo o conciencia cósmica, o pensamiento no mensurable.

La práctica de zazen es la Vía, pero también todas las actitudes y circunstancias de nuestra vida se convierten en la práctica.

La historia de Nishiari Bokusan lo ilustra perfectamente. Fue, al final del siglo pasado, superior del templo de Soji-ji. Allí estudio en profundidad el Shobogenzo del maestro Dogen. Sus comentarios son, todavía hoy un hito.

En la época de la guerra civil japonesa, los defensores del shogun, partidarios del mantenimiento férreo del régimen feudal se oponían a los del emperador, iniciador de la modernización del país.

Nishiari Bokusan era en aquella época el responsable de un templo provincial que se llamaba Sosan-ji. Después de la derrota del ejército del shogun, dio cobijo en su templo a uno de sus antiguos discípulos, Muroga, miembro del ejército derrotado. A Muroga le perseguían los soldados del emperador y estos cercaron el templo y ordenaron a Nishiari Bokusan que les entregara el fugitivo.

Bokusan les contestó: – Es cierto que vino aquí, pero al no poder esconderle, le pedí que se marchara. Furiosos. Los soldados le dijeron:

– Mentís. Nadie ha podido escaparse de este templo. O hacemos prisionero a Muroga o nos llevaremos con nosotros vuestra cabeza. ¡Elejid! Nishiari Bokusan les replicó: – Si tenéis ganas de llevaros mi cabeza, tomadla. Pero antes de ejecutarme, os pido que me concedáis un último favor. – ¿De qué se trata? – Me gusta mucho el saké y quiero dejar esta vida con el vientre lleno. Dicho esto, Nishiari Bokusan tomó una taza, echó el licor y comenzó a beber muy lentamente. Cerrado los ojos, saboreaba con delicia cada uno de los sorbos. Los soldados, al ver su cara iluminada por el placer, se miraron desconcertados y, sin decir palabra, abandonaron el templo.

Este incidente de la vida de Nishiari Bokusan le hizo muy famoso y hubo muchas personas que le preguntaron qué había sentido en aquel momento. Nishiari Bokusan siempre se negó a contestar a esta pregunta y hasta el final de su vida no quiso evocar este episodio. Entonces dijo: – Cuando llegaron esos tipos, no accedí a su petición. Sin pelearme con ellos me mantuve al margen de cualquier discusión. Abandoné su mundo donde no tenia ningún lugar y cuando abrí los ojos, me di cuenta que habían desaparecido todos.

Bokusan no fue decapitado y los soldados cesaron de matar. Zazen salva, sin distinciones, a todos los seres sensibles, en ambos campos: el de los amigos y el de los enemigos.

Etienne Zeisler

(fueste: http://www.sotozen.cl)

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  1. 22 agosto 2012 en 23:10

    Zazen, sin meta, salva.
    Sin utilidad, ¿Qué salva?

  2. un monje
    31 agosto 2012 en 19:02

    Gemuchi, ¡estás de guerrera! ¡Genial!
    Me has recordado una historieta a propósito de un libro de economía que estoy leyendo.
    Jeremy Bentham (siglo XVIII) entendió vislumbrar la explicación del comportamiento humano como el producto de fuerzas innatas que buscan el placer y evitan el dolor. Placer y dolor nos gobiernan en todo lo que hacemos y pensamos. El estándar de bien y el mal, así como la cadena de causas y efectos están sujetos a estos dos soberanos. Bentham denominaba a su teoría “principio de utilidad”.
    Para él la sociedad se resumía a la suma de individuos siendo el interés común la mera suma de los intereses individuales. Como estaba convencido de que placer y dolor eran cuantificables se esforzó en definir un método de cálculo de felicidad o, visto desde desde otra perspectiva, de “utilidad”. ¿Sabías que toda esta teoría económica que nos contempla actualmente tiene su base en este principio?

    Me malicio que el bueno de Bentham y su fórmula le habrían cascado al zazen un cero patatero. Desde su “principio de utilidad” zazen sería perfectamente inútil al individuo y por tanto cero aporte de felicidad social.

    Así que, a la luz de lo visto, utilidad, ¿para qué vale? Si no te conoces, me yemo que para hacerte un cacao maravillao.

    (De todas maneras no me hagas mucho caso que en esto del Zen soy un inútil.)

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