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Los Seis Reinos (I): El reino infernal

Campo de Hielo Norte, Chile. View heading NW.

Campo de Hielo Norte, Chile. View heading NW. (Photo credit: Wikipedia)

Cuerpo y mente, de un instante a otro, surgen y desaparecen. La tradición habla de la Bhavanacakra, la Rueda del Renacimiento, girando a través de los seis diferentes gatis, diferentes reinos o destinos. Estos reinos o destinos pueden entenderse como estados del cuerpo y la mente. Decimos destinos porque son un plan de cómo somos y en este plan, las cosas se apilan de esta y esta otra manera; ciertos elementos predominan, otros se superan o están ocultos. Nuestra expericencia como un todo queda planificada y las opciones de que disponemos se hacen estrechas.

El empezar con una determinada visión u orientación, hace que cualquier cosa se vea a la luz de este reino o destino y lo que se hace resulta ser una puesta en escena consecuencia de tal orientación. Así pues, no hay destinos en el sentido de órdenes permanentes o fijos de las cosas, sino que más bien son áreas con limitaciones. Todo queda fijado alrededor de un punto central, como tener su propio pie claveteado al suelo y moverse en círculos a su alrededor. Los seis gatis son los puntos altos y bajos de nuestro surgir y desaparecer.

Primero las malas noticias: El reino infernal, narakagati, se describe tradicionalmente como un reino de completa y absoluta contracción en el cual no hay espacio en absoluto. Ira absoluta, miedo absoluto, absoluta desesperación. Describe esos momentos, a veces horas, días, semanas, que estamos tan llenos de desesperanza y miedo que quedamos inmovilizados y parece un círculo de contracción si fin. Hay descripciones detalladas de muchos y diferentes reinos infernales. Tales cosas tienden a fascinar a aquellos que gustan de una visión mitológica de uno mismo, el mundo y el cosmos. Vamos a mencionar uno, el infierno Avici, el más profundo, el más oscuro de los infiernos, en el que todo está congelado, hace tanto frío que el aire se congela en los pulmones, las pestañas se vuelven cristalinas y pegadas unas con otras. No se uede parpadear. Los ojos miran fijamente sobre residuos helados y las lágrimas que asoman por los ojos se congelan en las mejillas, congelación y más congelación. Uno se encuentra preso en el hielo de la desesperanza. ¡Que nunca tengas un día así!

Anzan Hoshin

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