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La vida religiosa

Kyōto - Higashiyama: Kōdai-ji - Karesansui garden

[fuente: http://huellaszen.blogspot.com.es]

Actualmente los lectores conocen el Shōbō-genzō de Dōgen Zenji. Sin embargo otro importante texto de Dōgen, el Ehiei Shingi, es en cambio desconocido todavía. Tanto Nishiari Zenji como mi mismo maestro, Kōdō Sawaki Rōshi, han dicho repetidas veces que los monjes de la tradición Sōtō deben estimar el Ehiei Shingi aun más que el Shōbō-genzō. Me acordaré siempre de cuando Sawaki Rōshi me recomendó llevar conmigo el Ehiei Shingi cada vez que iba a diferentes templos. Me mostró incluso el modo exacto de envolverlo en la bolsa usada por los monjes durante los viajes.

Hemos de tener en gran consideración el Ehiei Shingi por que allí Dōgen Zenji toma a sus discípulos de la mano y los instruye sobre la vida religiosa cotidiana. Confrontándolo con el Shōbō-genzō, que es una profunda enseñanza filosófica, el Ehiei Shingi es más parecido a una enseñanza oral que guía a los discípulos de una forma más práctica. Por ello, de entrada, puede parecer orientado exclusivamente a monjes practicantes en un ambiente monástico y carente de cualquier relación con la vida cotidiana de la mayor parte de los hombres. Sin embargo, si no nos quedamos en la superficie y llegamos al significado más profundo, expone sin duda una enseñanza vibrante y práctica; una enseñanza que nos concierne a todos, en cualquier lugar que vivamos.

El Tenzo Kyōkun es el primer capítulo del Ehiei Shingi. El término tenzo indica el servicio cuyo fin es preparar los alimentos para la comunidad, mientras que kyōkun significa enseñanza; por tanto, literalmente, Tenzo Kyōkun quiere decir instrucciones, o enseñanzas, para el cocinero. Siendo un libro que se ocupa de las funciones del cocinero es, en un cierto sentido, un libro de cocina, incluso si no está adaptado precisamente para las futuras esposas, puesto que es un profundo tratado religioso. Lo considero uno de los textos religiosos más preciosos de todos los tiempos, por que no solo se ocupa de la preparación de la comida, sino también de la actitud hacia todas las cosas y personas que encontramos en nuestra vida cotidiana. Más fundamentalmente todavía, es un libro que nos muestra de forma concreta como preparar y conducir nuestra vida personal. En el comentario he elegido fragmentos que considero particularmente importantes. Espero que con ellos nos será posible descubrir juntos una verdad más allá de lo relativo y aprender a actuar viendo el valor real de nuestra vida.

El Tenzo Kyōkun es un libro de cocina sobre la vida, ¿pero cual es el ingrediente principal con el que preparamos esa vida? Para Dōgen Zenji no es otro que zazen. La vida religiosa nace cuando nos preguntamos como podemos vivir teniendo zazen como norma de vida y estando, a cambio, protegidos por el zazen. Desde un punto de vista ligeramente distinto se puede decir que la vida religiosa se vuelve activa cuando el zazen comienza a operar en nuestras actividades cotidianas. El texto trata justamente del modo, muy práctico y concreto, en el que zazen opera y nos guía.

Bajo este aspecto el zazen de Dōgen Zenji es religioso en el sentido más profundo del término. Es distinto de aquel que aparece en todos los libros de Zen que invaden hoy el mercado, que simplemente describen zazen como un método para adiestrar el hara (comparado por algunos al plexo solar o maņipūra chakra), o como una especie de ejercicio para la salud física, o incluso un método para cultivar la mente. En cambio el zazen de Dōgen Zenji es religioso en el sentido de que nos enseña esencialmente a conducir nuestra vida. Puesto que este es un punto muy importante, antes de proseguir con el texto, querría detenerme todavía sobre la cuestión del zazen como religión.

Los japoneses, si decís zazen, presumen generalmente que estáis hablando de algo que se hace para alcanzar la iluminación. Una idea tal está alejadísima del zazen de Dōgen Zenji. Para Dōgen zazen no puede estar separado nunca de la religión. Tras él deben estar las enseñanzas budistas y, tras estas últimas, la propia experiencia.

Puesto que nuestra discusión se está haciendo complicada, daré un ejemplo más fácil de comprender.

He nacido al final de la era Meiji en Hongō, un barrio de Tokyo que, antes del gran terremoto de 1923, conservaba todavía los rastros del período Edo. En esa época habían muchas enseñantes de canto japones clásico y el sonido del shamisen, el instrumento japonés de tres cuerdas, llenaba las calles. Si la maestra era verdaderamente encantadora era muy cortejada por los jóvenes que, con el pretexto de estudiar con ella, se amontonaban a su puerta.

En una fría jornada invernal dos jóvenes tomaron una lección de canto con una maestra así. Terminada la lección la maestra les invitó a quedarse un poco a charlar. Estuvieron encantados y se agruparon tiernamente alrededor del variopinto kotatsu (calientapiés) para hablar .

Bajo el kotatsu un dedo de un estudiante rozó casualmente el meñique de la maestra, pero ella continuó hablando como si nada hubiese pasado. Entonces aferró el anular y ella continuó todavía hablando con naturalidad. Después le cogió toda la mano y por fin toda la mano, que estaba caliente y sudada. No obstante aquello la maestra aparentaba todavía calma, lo cual animó todavía más al joven. Estaba profundamente emocionado, pensando que había superado al amigo así como por haber sido elegido por la bellísima mujer.

Repentinamente la madre de la maestra la llamó a esta desde la cocina. Ella respondió y fue a ver que deseaba. Pero, bajo el kotatsu, el joven Hachi apretaba todavía la mano de alguien.

“¡Maldición! ¡Es tu mano, Kuma!”, gritó Hachi al amigo.

“Entonces, eras tu quién me apretaba la mano, Hachi. ¡Y yo que creía que era ella! ¡Hagg! ¡Tienes la mano grasienta!”

“¿Ah, si? Bien, tu tienes las uñas demasiado largas. ¿Por que no te las cortas de vez en cuando?”

“¿Y ahora que hacemos aquí apretándonos la mano?”

“Juguemos a echar un pulso”. Y así comenzaron…

Precisamente, como lo que ha sucedido bajo el kotatsu en el cuento, cuando se habla de Zen hay muchas cosas cubiertas por aquello que es llamado “enseñanza más allá de las palabras”. Como si cogieses los dedos uno por uno, cuando haces zazen podrías pensar: “¡Oh, que maravillosa sensación! ¡Que fantástico estado mental! Me falta poquísimo… ¡puedo hacerlo! ¡Kenshō! ¡Satori! Iluminación!”. En ese preciso momento la mujer llamada buddhadharma se levanta y se va. Pretendo decir con ello que se da una importancia excesiva a la experiencia del satori separada del dharma. Sin el modelo del buddhadharma, que es precisamente la vida del Si Mismo, no hay modo de saber que es realmente el kenshō o satori. Esto es lo que entendía antes diciendo que tras el zazen debe estar el Budismo y, tras este, nuestra vida cotidiana.

Si un hombre completamente absorto por el zazen empuja a su familia a pensar que es imposible vivir con él desde que ha iniciado la práctica, o arremete contra todos como si fuese un hombre excepcional, incluso si supuestamente ha tenido un kenshō o satori, yo diría que haría mejor en no meditar. O bien, si aquellos que trabajan con él lo observan como si fuese un excéntrico, insinuando que es mejor no hacer de ninguna forma zazen, si te debes volver “ridículo”, está claro que alimenta alguna idea absurda bajo lascara de la “enseñanza más allá de las palabras”.

El punto más importante a tener en en mente en cuanto al buddhadharma es la expresión mantoku enman, o perfecta armonía. Vosotros vivís mas sinceramente según el Budismo cuando la bondad emana naturalmente de vuestro carácter y no tras haber tenido algún denominado kenshō o experiencia de satori. No dudéis de que vivir vuestra vida, actuando y permaneciendo en perfecta armonía, es de verdad vivir la vida del Si Mismo.

El satori que no tiene ninguna relación con vuestro carácter personal no es otra cosa que una especie de borrachera. Es solo la exaltación que podéis obtener de las drogas. Sobra decirlo, aquello no tiene nada que ver ni con la religión ni con el buddhadharma.

La práctica de zazen no debe ser algo separado de vuestra experiencia de la vida cotidiana, ni de la orientación global de vuestra vida. Más bien, trabajando constantemente por perfeccionar y purificar vuestra vida cotidiana, o la vida de vuestro Si Mismo, la práctica concuerda con el dharma. Ahí zazen se convierte en religión. El zazen de Dōgen Zenji, tal como he dicho, es la fuente de la enseñanza cotidiana del Tenzo Kyōkun, y en nuestra vida de cada día tal enseñanza se trasforma en el fondo de zazen.

 Kosho Uchiyama

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