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Los Seis Reinos (III, IV, V, VI): El reino animal, humano, semidioses y dioses

Y la rueda llega al reino animal, el destino de torpor, de la opacidad. Allí uno se mueve exclusivamente hacia cosas tales como comer, dormir y reproducirse. Ver pasar los días, fichar en la oficina, besar a los niños, ver la tele, ahorrar para unas vacaciones en Disney Land…, un día y otro día.

Conforme gira la rueda, nos aproximamos al reino humano, al reino de la pasión, de la lujuria, de instintos refinados. Cosas como comer y dormir y reproducirse han cobrado un significado más allá de simples acciones e incluso más allá de obligaciones rutinarias, y se han convertido en fascinantes, se han hecho absorventes. Teatro, canciones y poesía se tejen alrededor del comer, dormir y reproducirse, creando arabescos ornamentales fantásticos. Pero estas cosas son sólo lo que son. No pueden nunca satisfacer las expectativas o la sensación de que hay mucho más que está ahí.

Un poco más allá, la tradición habla del reino de los asuras. No existe una traducción exacta de asura en nuestro idioma, ni una correlación directa entre el mito de los asuras y los personajes divinos y semidivinos que pueblan los orígenes de las mitologías occidentales. Quizás podemos pensar en ellos como titanes, parecidos a esos dioses destronados de la mitología griega y romana. Los asuras, los titanes, los dioses celosos, no son, sin embargo, dioses que hayan sido depuestos; están más cerca quizás de los nuevos ricos. Los arrivistas están siempre intentando probarse a ellos mismos su divinidad y así siempre están en lucha, siempre ávidos de estatus y de cualquier atisbo de poder, de cualquier oportunidad de oprimir al otro para afirmar su propia posición. Sonrientes y serviles con sus superiores, conspiran en secreto esperando el día de resarcirse, esperando el día en que sus méritos sean reconocidos y sean al fin vistos como seres superiores. La mezquindad y la envidia corrompen su propio esplendor.

La rueda gira y llega finalmente al reino de los dioses, los devas, los seres brillantes, seres tan refinados que respiran y comen música, y se mueven por avenidas de árboles enjoyados, ríachuelos lapislázuli. Tan refinados, tan abstractos que resultan anodinos y frágiles.

Anzan Hoshin

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  1. 27 marzo 2016 en 15:28
  2. 29 marzo 2016 en 15:12
  3. 28 agosto 2016 en 1:04
  4. 21 septiembre 2016 en 17:00

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