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Los Seis Reinos (final)

A medida que la Rueda de la Existencia gira nos convertimos en el girar de la presunción, de la asociación, del hábito, de la tendencia. Conforme gira esta rueda nos revolvemos en el círculo cerrado de aquello que ya hemos sido. Cuando no comprendemos este girar de la Rueda de la Existencia, es como si estuviéramos atados a ella y nuestros pensamientos y sentimientos son la llanta que chirria y gime mientras gira. Lo que ahora sube, después bajará. Los seis reinos mutan uno con otro mientras gira la rueda. El reino de los dioses pasa al reino de los dioses celosos, al reino humano, al reino animal, al de los espíritus hambrientos y al de los estados infernales. Y nuevamente sube, y baja después.

Instante tras instante nos movemos a través de varios estados, surgiendo y desvaneciéndose, solapándose unos con otros, caen y se renuevan a si mismos, y cuando entramos en ellos, nos convertimos en estos estados, y ellos se convierten en nuestro destino. Guían nuestras acciones, mueven nuestra mirada hacia lo que quieren que veamos y nos alejan de lo que no. Alteran los sonidos, y pueden alterar las palabras que otros nos dirigen, y nos proporcionan el guión de lo que decir. Nuestro mundo significa lo que significa para nosotros, es lo que es para nosotros y somos quienes somos desde el momento en que estos estados nos dan sentido e identidad. Muchos estados son incompatibles entre sí. En el reino de los dioses no hay lugar para el reino infernal. Son completamente opuestos y sin embargo son exactamente lo mismo porque son todos destinos de acción limitada.

Se dice que sólo en el reino humano se dan características de todos y cada uno de estos otros reinos sucediéndose, surgiendo y desvaneciéndose con suficiente velocidad como para que el cambio de un reino a otro sea reconocible. Te sientes bien y luego te sientes mal. Las profundidades de la desesperación se convierten en indicios de la lujuria y el deseo, esperanzas de triunfo, breves momentos de histeria que pasan por alegría. Debido a que estos estados vienen y van de un instante a otro, en lugar de extenderse a lo largo de siglos y eones, a veces, si somos muy humanos, si prestamos atención a las debilidades de nuestra vida, podemos ver que estos estados son efímeros, siempre en transición, siempre gira que te gira, siempre cambiando.

En aquellos momentos en que podemos reconocer la impermanencia de estos estados, el cambio de un estado a otro, empezamos a convertirnos en verdaderamente humanos. Comenzamos a ser capaces de situarnos más allá de nuestros pensamientos y sentimientos y comenzamos a entrar en el mundo tal como es, más allá de interpretaciones.

Conforme giramos en la rueda, mientras la rueda nos hace girar, mientras damos vueltas a este pensamiento o ese sentimiento, podemos asistir a este girar, a este proceso de existencia; si podemos asistir a la impermanencia de nuestras identidades, solamente entonces podremos verdaderamente llegar a ser quienes somos, más allá de cualquiera de estos destinos limitados.

Solamente cuando comprendemos la impermanencia de nuestras identidades se hace posible cuestionar los roles que nos han inculcado, las propagandas que nos llaman a cumplir con esta o aquella deuda o acción como un simple miembro de la masa, un miembro del rebaño, un miembro postrado a la cultura de masas. Es sólo entonces cuando empezamos a cuestionar esto, y empezamos a cuestionar nuestras suposiciones y empezamos a testarlas contra el duro, afilado y fino filo de nuestra experiencia tal y como realmente es. De este modo, empezamos a abrir la cáscara de nuestro capullo y a emerger del estado larvario de nuestra existencia, de sueños arcaicos de mitos y esperanzas y miedos, a la experiencia real. Solo mediante este testeo y por un proceso de cuestionar quien creemos ser, podemos empezar a poner en cuestión radicalmente quienes somos en realidad.

Y sólo por un proceso de cuestionamiento que va de los más relativos a los más radicales asuntos de nuestra vida, podemos darnos cuenta de la Naturaleza Real de ésta, de la Naturaleza Real de la existencia. Sólo así podemos entrar en donde siempre hemos ya estado, más allá del miedo y de la esperanza, más allá de nuestras suposiciones y más allá del girar de la Rueda de la Existencia. Sólo siendo simplemente, completamente y abiertamente conscientes de las maneras en que nuestra conciencia queda mediatizada por las posturas y destinos de limitación y contracción, podemos entrar en la Inmensidad que todos y cada uno de nosotros somos.

Anza Hoshin

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