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SCHUMACHER, Lo pequeño es hermoso

UNIVERSIDAD ALEJANDRO DE HUMBOLDT
Facultad de Ciencias Económica y Sociales
Profesor: Pedro J. Rosales

“Los seres humanos poseen tanto manos como cerebros y no hay nada que disfruten más que ser creativos y útilmente productivos, brindar un servicio y actuar en concordancia con sus impulsos éticos. Lamentablemente, la tecnología moderna frustra en forma creciente la satisfacción de esas tres necesidades básicas”.- E. F. Schumacher

E. F. Schumacher

E. F. Schumacher (Photo credit: Wikipedia)

Los budistas consideran que el trabajo tiene tres objetivos: proveer un camino para que la persona utilice y desarrolle sus facultades, ayudarla a trascender su egocentrismo al unirse a otros en una tarea común y producir bienes y servicios necesarios para la existencia.

Ernest Friedrich Schumacher, un estudiante del budismo, era también un economista cuya preocupación fundamental fue la calidad de vida humana. Como estudiante de economía en Rodhes, como consejero económico de la Comisión Británica del Control de la Alemania de la posguerra, y como principal economista y jefe de planeamiento del directorio del Carbón de Inglaterra durante veinte años, Schumacher tenía toda la experiencia y la inteligencia para vérselas con políticas económicas. Sin embargo, pese a sus abrumadoras credenciales y su refinada educación científica, Schumacher no temió considerar que el espíritu y la conciencia, los objetivos éticos y el sentido de la vida son igualmente importantes para la teoría económica.

En febrero de 1974 fue publicado su libro Lo pequeño es hermoso. En él, Schumacher dijo lo que muchos ya sabíamos pero que aún precisábamos escuchar: Que nuestra felicidad nada tiene que ver con el producto interior bruto. Que preocuparnos sólo por la producción de bienes materiales y no por la gente es actuar motivados por la codicia. Y que cuando vivimos en un mundo motivado por la codicia, todos perdemos.

Desde entonces su nombre y sus ideas aparecen en casi todas las propuestas para la Nueva Era. Fue el primer occidental preocupado seriamente por ese aspecto de la espiritualidad. La teoría económica de Schumacher había comenzado a desarrollarse en 1955, cuando fue invitado a Birmania y a otros países en desarrollo para asistir a sus dirigentes a decidir qué clase de ayuda podía darles Occidente. Schumacher pronto pudo descubrir que, en realidad, sólo había un tipo de ayuda y que requería la sustitución de herramientas primitivas por inmensas maquinarias y tecnologías. “Pero las naciones en desarrollo no tenían la base industrial que necesitaban para apoyar tales sistemas tecnológicamente avanzados”, reflexionó, “lo cual significa que esta’respuesta’ que tratamos de forzar a través de sus gargantas no es repuesta. Para que funcione esta alta tecnología que les damos necesitan realizar una tremenda inversión de capital –del que carecen- en combustibles, fertilizantes, pesticidas, repuestos, programas de entrenamiento, una maquinaria complicada, casi inexistente en tales países. Si estos desean aquellos sistemas y equipos de alta tecnología –nosotros les enseñamos a desearlos- sólo habrá un lugar del que puedan conseguir tales cosas: De nosotros, a los precios que nosotros fijemos. Como puede verse, no estamos ofreciendo ninguna solución a las naciones en desarrollo. Simplemente les mostramos cómo cambiar una forma de esclavitud por otra”.

Schumacher percibió que lo que los países verdaderamente podían utilizar era una“tecnología intermedia”, que diseñara herramientas, máquinas en pequeña escala, y métodos de producción a la medida de los países que la usarían, una tecnología que aun personas analfabetas pudieran comprender y manejar a nivel de una aldea. En 1965, Schumacher fundó el Grupo de Desarrollo de Tecnología Intermedia (ITDG) en Londres. Su objetivo fue “facilitar el flujo de información práctica sobre estas tecnologías, llevar a cabo investigaciones originales sobre nuevos métodos y herramientas y, en algunos casos, encarar la manufactura de equipos de tecnología intermedia (T.I.)”. Por ejemplo, uno de los casos que encaró el Grupo fue el de una compañía en Zambia que quería una máquina que hiciera envases de huevos. Cuando le pidieron a una compañía europea que se la diseñara, lo único que consiguieron fue una propuesta para construir una máquina inmensa que confeccionaría millones de envases de huevos por mes. “Ello estaba mucho más allá de las necesidades o recursos de Zambia” dijo Schumacher, “de modo que nosotros diseñamos una mini-planta empaquetadora, que es lo que la compañía de Zambia realmente necesitaba; y pronto nuestra pequeña planta fue pedida por otros países del tercer Mundo; y después por España y Canadá y hasta los Estados Unidos. Esta y otras experiencias similares nos enseñaron que las así llamadas “naciones desarrolladas” precisan asistencia para reducir la escala de sus tecnologías tanto como los países emergentes precisan asistencia para aumentar esa escala”.

Mientras vivía en Birmania, Schumacher estudió en una escuela budista. “por  primera vez” dijo, “advertí que uno no encuentra la claridad en la mente, sino en el corazón. Y el corazón no nos hablará a menos que seamos capaces de silenciarnos y de liberarnos de amos como la envidia y la codicia. Pero si logramos hacerlo, descubriremos, en la quietud que sobreviene, ráfagas de sabiduría que no pueden adquirirse de ninguna otra manera. Comenzaremos a ver las cosas como realmente son. A esto los budistas lo llaman vipassana. Pues bien: Yo no afirmo haber obtenido vipassana, pero volví de Birmania con una perspectiva diferente. Y al comienzo, al ver mi vida bajo esta nueva luz, me sentí muy infeliz. Todo lo que había estado haciendo hasta entonces carecía de sentido. Pero luego me di cuenta de que la vida debe continuar y de que yo debía aplicar mis nuevos conocimientos a lo que era el trabajo de mi vida. Y luché por esto, dando conferencias y escribiendo ensayos, que eventualmente fueron compilados en Lo pequeño es hermoso. De modo que no me propuse cambiar la teoría económica. Me propuse hallar las respuestas a las preguntas metafísicas que me perturbaban. Lo pequeño es hermoso fue sólo uno de los resultados de esa búsqueda personal”.

También fue en Birmania donde Schumacher descubrió que el ingreso per cápita y las estadísticas pueden ser totalmente engañosas cuando se usan para evaluar la calidad de vida cotidiana. Birmania tenía un ingreso anual per cápita de $50 dólares en 1955; no obstante Schumacher halló gente que vivía feliz, que comía y vestía bien, que vivía en hermosas casas apropiadas para el clima de su país. Sin ningún instrumento para ahorrar tiempo, esta gente disponía de ocio en abundancia. Las vidas sencillas y elegantes de los birmanos contrastaban drásticamente con la teoría occidental de que “más es mejor”. Schumacher advirtió que la vida en los EE.UU. y en Alemania estaba llena de presiones y agitación, mientras que Inglaterra en ese momento estaría más o menos en el medio, un poco subdesarrollada y otro poco sobredesarrollada, y se dio cuenta de que él se sentía más confortable en Inglaterra. Todo esto le dio la idea de formular una primera Ley de la Economía: “La cantidad de ocio real de que puede disfrutar una sociedad tiende a estar en proporción inversa a la cantidad de maquinaria que emplee”.

En Lo pequeño es hermoso, Schumacher señaló también la diferencia entre la economía moderna y la budista. En la primera, un economista se acostumbra a medir el estándar de vida por la cantidad de consumo anual, con la premisa de que quien más consume vive mejor que quien consume menos. Por otro lado, un economista budista consideraría que el consumo es un simple medio de bienestar, y se propondría el objetivo de maximizar el bienestar mientras se minimiza el consumo. En tanto el economista moderno considera al trabajo apenas un mal necesario, el budista consideraría al trabajo un vehículo fundamental para formar el carácter de las personas, con el añadido de que el budismo cree que la purificación del carácter es la esencia de la civilización.“Marx tenía razón cuando dijo, hace 150 años: ‘Tengan cuidado, porque si construyen demasiadas máquinas útiles, pronto aparecerán demasiadas personas inútiles”,señaló Schumacher, para referirse a la teoría de que “más es mejor”.

Hoy todo se ha vuelto demasiado complejo y –tal como Marx pudo anticipar- esta complejidad y sofistificación nos ha vuelto inútiles, nos distrae, nos llena de tensión, empequeñece nuestras mentes, nos hace tan aburridos y especializados que ya no tenemos siquiera tiempo para ser un poco más sabios. De alguna manera hemos “avanzado” hacia el infierno. Tenemos sociedades ricas en recursos pero pobres en objetivos, y creo que vale la pena cambiar esta situación. Una tecnología más amable, una tecnología con rostro humano, puede retornar el control del trabajo que hoy tienen las máquinas y ponerlo de nuevo en las manos del trabajador común. Se trata sólo de devolver una escala humana a nuestra sociedad, de que la gente de una vez se haga cargo de su propio destino. Se trata de derrocar la máquina por el bien de la herramienta. Como dijera Gandhi, no necesitamos producción en masas, sino producción a cargo de las masas.

La tecnología intermedia que haría posible esta producción en mano de las masas es abrumadoramente superior a la tecnología primitiva de los tiempos pasados, pero mucho más sencilla, mucho menos cara y menos opresiva que la hipertecnología que hoy domina nuestras sociedades, con una concentración de gente en ciudades sobrepobladas, con su inherente violencia al ser ecológicamente dañina y embrutecedora para los individuos que deben hacerla funcionar. En cuanto a la tecnología intermedia, uno puede llamarla una tecnología de “auto-ayuda”, o “democrática” o “del pueblo”. Yo la llamo la esperanza del futuro.

E. Fritz Schumacher es un fuerte adepto a las organizaciones pequeñas ya que en éstas se pueden desarrollar esquemas participativos, relacionar los esfuerzos con las recompensas, y el propietario desarrolla su rol en forma natural y equitativa. En empresas medianas muchas de estas virtudes comienzan a diluirse y sus aportes no se hacen visibles. Finalmente, en las grandes corporaciones la entidad en sí misma no es más que una ficción ya que permite a los accionistas vivir como parásitos depredando lo que otros trabajan. No hay duda que ante todo para Schumacher “lo pequeño es realmente hermoso”.
[…]
E.F.  Schumacher murió en 1978. Sus palabras y su obra se vuelven más relevantes cada día. Como él nos ha dicho, tenemos dos grandes maestros en la vida: la naturaleza y la sabiduría de los tiempos encarnada en las grandes enseñanzas religiosas del mundo.

Poner a un lado la codicia para dar lugar al bien, la verdad y la belleza es ofrecer a nuestras vidas valores por los que vale la pena luchar y vivir.

Enlace al artículo completo.
Enlace al libro Lo pequeño es hermoso, cap.4 Economía budista
Manifiesto para una economía budista

Obras de E.F. Schumacher
– Lo pequeño es hermoso
– Guía para los perplejos
– El buen trabajo

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