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Tomates y pepinos

MuhoEn el Genjokoan, Dogen Zenji escribe “aun aborrecida la mala hierba se extiende”. Un buen discípulo tiene que ser como mala hierba que crece incluso si es “pisada” por su maestro enfadado. No esperes que nadie aprecie o alabe tu práctica.

Durante los últimos meses, he estado enfatizando la importancia de nuestra postura física en nuestra práctica. Dije que en lugar de torturar nuestro cerebro acerca de algunas ideas que tenemos sobre “shikantaza”, deberíamos mejor intentarlo en el zafu. ¿Esto significa que no puede ni debe haber ninguna otra instrucción sobre “práctica adulta” que decirle a cada persona que cuide de su propia postura física durante el zazen? No lo creo así. Por otro lado, si ni siquiera podemos cuidar de nuestra propia postura física, para empezar, ¿cómo podemos esperar aprender algo de algún tipo de “instrucción avanzada”? Como adultos, tenemos que ser capaces de mirar y ver con nuestros propios ojos, oír con nuestros propios oídos, pensar con nuestros propios cerebros y poner la práctica en práctica con nuestros propios cuerpos. Absolutamente nadie puede hacer eso por nosotros, ni siquiera el mejor maestro puede o debe.

¿Por qué entonces, se podría preguntar, necesitamos la instrucción de un maestro o de estudiantes avanzados? Esto se debe a que nuestro campo de visión es necesariamente limitado: Podríamos pensar que lo que vemos con nuestros propios ojos es la verdad objetiva y que no hay nada más allá de eso, pero “vemos y entendemos sólo lo que nuestros ojos de práctica pueden alcanzar. Para entender la naturaleza de la infinidad de cosas, debemos saber que aunque tengan un aspecto redondo o cuadrado, las otras características de los océanos y las montañas son infinitas en variedad; mundos enteros están allí. Y no sólo a tu alrededor, sino también directamente bajo tus pies.” (Genjokoan).

En otras palabras, tenemos que aprender a mirar y ver con nuestros ojos, pero también tenemos que saber que hay todo un mundo más allá de nuestro horizonte. Nuestro campo de visión es más limitado de lo que podemos imaginar, porque sólo vemos lo que está al alcance de nuestros ojos de práctica, no somos capaces de ver los límites de nuestro campo de visión, por no hablar de lo que hay más allá de él. Lo mismo reza en tocante a nuestra percepción de los sonidos. Es obvio que no oímos los sonidos que oyen los perros, por ejemplo. Ni siquiera oímos muchas cosas que otras personas oyen muy bien, sobre todo el ruido que hacemos nosotros mismos, es interesante … Percibimos los errores de los otros mucho más claramente que los nuestros. Tal vez es por eso que Dogen Zenji dice que “no sólo lo que tienes a tu alrededor, sino también directamente bajo tus pies”.

A un adulto se le pide ser capaz de pensar por sí mismo, de formar sus propias opiniones y de tener sus propios puntos de vista. Pero es igual de importante darse cuenta de que lo que pasa en nuestras cabezas no es la verdad objetiva, ni nada de eso. Sólo tomamos nuestra mirada del mundo desde nuestro punto de vista limitado. Si afirmamos que nuestra visión es verdadera y que cualquier otro punto de vista que la contradice es, por tanto, falsa, nos estamos comportando como niños peleones. Cualquier punto de vista que tengamos es sólo un punto de vista, y lo que nosotros llamamos “un nuevo orden mundial” podría ser “un eje del mal” para los demás, o viceversa. Tenemos que aprender a pensar con nuestros propios cerebros y tenemos que aprender que hay mundos enteros por ahí que ni siquiera hemos imaginado todavía porque trascienden por completo nuestra capacidad de imaginación.

Tenemos que aprender a poner el Dharma en practica con nuestros propio cuerpo también, pero la práctica real no será posible para nosotros a menos que realmente abandonemos nuestros cuerpos y mentes. Y esto no lo podemos “hacer” por nosotros mismos. Si tratamos de practicar el Dharma por nosotros mismos, estaremos simplemente vagabundeando en los límites de nuestra comprensión, y aunque podríamos pensar que hemos logrado la “unidad con el universo” o algo así, esa “unidad” no existe en ninguna parte excepto en nuestras cabezas, ¡pero no podemos verlo!

Hay mundos enteros más allá de nuestro campo de visión, y también directamente bajo nuestros pies: Esto que suena difícil de entender, resulta el pan nuestro de cada día cuando se vive en una sangha, una comunidad de practicantes. El mundo de la sangha trasciende totalmente los mundos individuales de sus miembros. Cada día los puntos de vista personales y opinones entrarán en contradicción por la propia vida en la sangha. Descubrirás cosas que nunca viste antes, o mejor dicho: La gente va a señalar esas cosas que no querías ver, y escucharás las opiniones que no querías oír, porque no cuadran necesariamente con tu opinión de las cosas. Es posible que no te guste ver u oír estas cosas, pero en realidad esto es lo que se denomina “instrucción”, instrucción desde un mundo que se encuentra más allá de tu campo de visión: No en el espacio exterior, sino justo debajo de tus pies.

Nuestro problema es que no nos damos cuenta de que hay una sutil diferencia entre nosotros y nuestras ideas de “nosotros mismos”. La diferencia entre lo que somos y lo que pensamos que somos. El hecho de que confundamos lo que pensamos que somos con lo que realmente somos, es la causa de nuestro sufrimiento y de los problemas que constantemente causamos a este mundo.

Es fácil darse cuenta de esto con la gente. Algunas personas no pueden dejar de decirnos lo increíblemente buena gente que son, cuando en realidad no se dan cuenta que son un grano en nuestro culo. Ofrecen su ayuda y consejo, pero ¿por qué no pueden simplemente callarse y ocuparse de sus asuntos? Hablan de rectitud y justicia cuando ni siquiera pueden hacerse cargo de sus propias vidas. ¡Estamos rodeados de idiotas e hipócritas santurrones!

Lo que no nos damos cuenta, sin embargo, es que ese no es NUESTRO problema. NUESTRO problema es que las mismas cosas que pensamos acerca de la gente, ellos podrían pensar lo mismo de nosotros. Podríamos resultar ser el mismo grano en el culo de las personas que lo son en el nuestro, simplemente no somos conscientes de ello. Sí, de hecho, ¡nosotros mismos podríamos ser los idiotas e hipócritas santurrones! Tengo la sensación de que este tipo de ejercicio tiene mucho más que ver con el “satori” que el estado de felicidad espiritual que algunas personas tratan de alcanzar por sí mismas. Tú no llegas a esta conclusión por ti mismo. Es a causa de la fricción con las rocas y las piedras que te rodean: La sangha y el maestro con los que vives.

A veces la gente me dice que les gusta mucho las horas de zazen intensivo aquí en Antaiji, y que son capaces de alcanzar el samadhi muy rápido, y que disfrutan del trabajo fuera en el exterior también, lo que les hace sentirse uno con la naturaleza cuando ellos simplemente siguen el flujo de la energía universal… Sí, su práctica aquí en Antaiji podría ser como el cielo si no fuera por ese compañero de habitación con el que no se llevan bien, o ese monje que siempre les dice qué hacer o qué no hacer a pesar de que comete muchas más equivocaciones que ellos…

Pero, ¿cómo puedes ser uno con el universo cuando ni siquiera te llevas bien con la gente? ¿No tiene la practica algo que ver con abrir los ojos y darse cuenta de que hay mundos enteros más allá de tu horizonte? El mundo de tu compañero de habitación, por ejemplo. “Sessa Takuma” es una expresión japonesa que describe lo que sucede en una sangha: Rocas y piedras se frotan unas con otras, puliéndose entre sí por mutua fricción. Los mundos individuales chocan y nos ayudan a despertar a un mundo más grande más allá del horizonte de nuestros propios puntos de vista personales. Por supuesto, este roce y este choque de unos con otros duele, al igual que el ego pisoteado por el “tú no cuentas para nada” del maestro. Es por eso que tu práctica tiene que ser como una mala hierba que crece en la aversión.

Lo mismo es cierto para estar sentado en posición erguida. No esperes a que alguien “te enseñe” la sentada erguida para tu caso. Por supuesto, tiene que haber algún tipo de instrucción básica al principio, y será bueno para ti que alguien te corrija de vez en cuando hasta que estés centrado suficientemente bien en zazen como para sentir la “fuerza de gravedad” de la sentada que tira de ti. El ideal es una práctica de zazen que sea como una mala hierba que crece, pero si eso parece ser imposible para ti, debes, al menos, aspirar a la práctica como un pepino, no como un tomate: Los tomates necesitan una vara de apoyo para crecer y tienen que atarse a ese palo cada par de días más o menos, de lo contrario se romperán. También se tiene que quitar los brotes sobrantes para prevenir que la planta tenga muchos frutos, y si hay exceso de lluvia necesitará un techo para que el tomate no reciba ninguna enfermedad o morirá. En cualquier caso, la planta de tomate requiere mucho de tu atención y cuidado diario. No va a crecer por sí misma. Un pepino por el contrario va a crecer y escalar en la vara que colocaste para él al principio. En el clima que tenemos aquí en Antaiji, no hay mucho más que se tenga que hacer: Si el palo es recto y firme, el pepino trepará y tendrá flores y frutos a su debido tiempo.

Ser adulto no significa que no se necesite ninguna instrucción. Significa que puedes trabajar con esa instrucción como un pepino que crece en el poste, no como un tomate que tiene que ser atado a él todo el tiempo. No esperes que el maestro “explique” todo para ti. La instrucción siempre está ahí, sólo hay que abrir los ojos y ver, justo debajo de tus pies. No creo que los otros miembros de la sangha obstruyan tu práctica, ¿no son exactamente aquellas rocas y piedras chocando las que ayudan a sacudirte las capas de suciedad que obstruyen tu visión?

Muho Nölke, abad de Antaiji

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