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Mi idea de práctica adulta, por Muho

Aviso a navegantes: El dojo permanecerá cerrado este puente de mayo.

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zapatAntaijiNormalmente, al final de nuestra sesshin mensual de cinco días digo algo como: “La sesshin no ha terminado. La verdadera sesshin comienza en el momento que pensáis que ha terminado, así que tened mucho cuidado!”

Sentarse 15 horas al día frente a la pared no es fácil. Mantener silencio absoluto durante cinco días no lo es tampoco. Pero el verdadero problema es lo que se hace una vez que la sesshin se acaba, te apeas de tu cojín de meditación y vuelves a lo que la gente a veces llama “vida real”.

Cuando una sesshin ha sido especialmente caótica, podría añadir algo así:

“No creáis que la sesshin se ha acabado, porque estos cinco días no fueron, para empezar, una sesshin. Fueron un jardín de infancia.”

Mi idea de Antaiji es un lugar para la práctica adulta. Para practicar como un adulto, primero tienes que tener claro exactamente por qué estás aquí. ¿Qué te trajo aquí? ¿Sólo las dos o tres comidas gratis al día? ¿O hay alguna cuestión más importante? ¿Cuál es la cuestión?

Luego, tienes que ser consciente del hecho de que creas Antaiji. Nadie más crea este lugar, esta práctica, esta vida y este mundo por ti. Es tu lugar, tu práctica, tu vida y tu mundo, y tienes que asumir tal responsabilidad. Al mismo tiempo, tienes que ser capaz de olvidarte por completo de ti mismo. Tú no cuentas para nada. Tienes que ampliar tu perspectiva, olvidarte de tus ideas y preferencias, ver lo que está sucediendo a tu alrededor. Tienes que ser capaz de entender cómo te ven los demás y lo que se exige de ti. Si piensas que eres capaz de practicar sin la ayuda de la comunidad, no es necesario que estés aquí. Se puede vivir solo en las montañas. Si no quieres hacer eso, sino practicar junto con el resto del grupo, tienes que mostrar consideración y aprecio hacia la sangha. Para conseguir una vida comunitaria sin problemas, tenemos algunas reglas. Como adulto, debes ser consciente de estas reglas, respetarlas y seguirlas. Como adulto, al menos, deberías ser capaz de limpiar tu propio trasero. Y -por desgracia – más a menudo de lo que se cree, tendrás que limpiar el culo de alguien más también.

Cerrar la puerta tras de ti, apagar las luces, ordenar tus zapatillas… todo esto no debería ser tan difícil para un practicante adulto.

La gente me dice que ellos no vinieron a Antaiji para aprender reglas baladís. No quieren oír hablar de la forma, quieren escuchar sobre el fondo. ¿No está el Buda-Dharma más allá de formas y reglas?, se preguntan. Creo que todo el mundo está de acuerdo en que cuando se separa la forma del fondo, es el fondo lo que importa, no la forma. Pero ¿es realmente tan fácil separar a los dos? ¿Dónde se supone que el fondo –lo que la gente gusta llamar Buddha-Dharma– se manifiesta si no es en algún tipo de forma? ¿Dónde vas a encontrar tu Buddha-Dharma si no eres consciente de tus zapatillas, del sonido de sus pasos, de las luces que dejas encendidas? ¿Dónde si no en la práctica de este momento?

Si eres el responsable de golpear la campana en la sala de meditación o las claquetas en la mesa de comer, debes saber exactamente cómo hacerlo. Si no, no sólo estarás malgastando tu tiempo de práctica, sino también el tiempo de todos. Un golpe de campana puede cambiar toda la atmósfera en el zendo. Lo que el cocinero hace en la cocina también tendrá una influencia directa en la práctica de todos. Una comida puede cambiar la mente de los practicantes. Como persona adulta, es necesario ser consciente de que aquello que haces no es sólo asunto tuyo, sino parte de la práctica de toda la comunidad.

Cuando se les critica, a veces la gente dice: “Yo ni siquiera sé dónde está el problema. Si piensas que hay un problema con lo que hago, supongo que eso es tu problema, no mío. ¡Yo no tengo problema!” Si otras personas tienen un problema con nosotros, eso podría ser su problema. Pero a menudo hay un problema de nuestro lado también. Por otro lado, hay personas que llegan a tener una entrevista privada sólo para decirme: “Antaiji tiene un problema y el nombre del problema es fulano”, y fulano es el nombre de uno de sus compañeros practicantes. Así que contesto: Sí, fulano tiene un problema y el nombre del problema de fulano es de hecho “fulano”. Pero ¿es ese realmente tu problema? El nombre de mi problema soy yo, y tal vez el nombre de tu problema eres , ¿no es así?

La puerta de Antaiji está siempre abierta. Las personas que quieren practicar con nosotros son bienvenidos en todo momento. Pero la puerta está abierta a la inversa también: Si te das cuenta de que no quieres practicar aquí con nosotros, puedes irte cuando quieras también. Así que cuando te quedes, es tu decisión la de quedarte. Nosotros no “hacemos” que te quedes. Así, aunque la sesshin pueda resultar un infierno o el samu sea difícil, no debes sentirte como una víctima, tú decides venir aquí y decides quedarte aquí, cada día, cada momento. No culpes de tu sufrimiento a nadie. Si te quedas, quédate. Si te sientas en la sesshin, deberías realmente sentarte. No te limites a matar el tiempo en el zafu porque esté lloviendo afuera y no quieras llevar tu maleta 4 kilómetros por la montaña.

¿Cómo practica un adulto? Uno de mis hermanos del Dharma solía ​​trabajar en un restaurante de sushi antes de convertirse en un monje zen. Le dejaron fregar platos durante meses sin enseñarle nada, o al menos eso es lo que pensaba. Entonces, un día el chef de sushi le dijo: “¡Hoy harás el sushi!” Sin ningún tipo de instrucción adicional. Si respondes: “Pero, ¿cómo? ¡Nadie me ha enseñado a hacer eso!”, el chef diría: “Pero, ¿qué has estado haciendo todo el tiempo? ¿Dónde estabas cuando lavabas los platos?”

En Japón, se llama a esta forma de aprender “aprender robando”. Tienes que robar el know-how, nadie te va a coger de la mano y enseñarte paso a paso. Si estás trabajando en el restaurante y tu mente está en otra parte, pensando en cómo te gustaría estar con tu amiga, contando las horas que quedan para terminar la jornada, no estarás preparado para el trabajo cuando el chef te diga que hagas el sushi. Incluso si tu mente está 100% enfocada en los platos, no serás capaz de hacer el trabajo porque tu conciencia está limitada al fregadero. Como practicante adulto, tienes que ser consciente de lo que está sucediendo 360 grados a tu alrededor. A través de esta conciencia de 360 ​​grados, se crea el mundo que vivimos. Así que cuando decimos que hay que crear Antaiji, eso no quiere decir que puedas configurar tus propias reglas u horarios, sino que tienes que ampliar las fronteras de tu conciencia: Cuanto más veas, oigas y sientas Antaiji, más crearás Antaiji. Y para ver, oír y sentir por completo, tienes que olvidarte de ti mismo y abrirte en todas las direcciones.

La comunidad nos ayuda a seguir un horario que sería difícil de mantener cuando se practica solo. Por otro lado, vivir en una comunidad 24 horas, 7 días a la semana, puede ser mucho más difícil que vivir como un ermitaño en las montañas. Los otros son tan imperfectos como nosotros, pero solemos ver las faltas de los demás con mucha más claridad que las nuestras. Por lo tanto, estamos molestos con los demás, mientras que no podemos entender por qué los demás están molestos con nosotros. En realidad, cuando ves la falta de otro es como mirarte en un espejo. A lo que deberíamos aspirar se llama sessa-takuma en japonés: piedras sin pulir chocan y se rozan entre sí y, por lo tanto, con el tiempo se convierten en piedras pulidas o joyas. Tenemos que ver los errores de los demás como un espejo de nuestras propias deficiencias. También necesitamos el espíritu de Shotoku Taishi (573-621), que se expresa en su Constitución de diecisiete artículos:

«La armonía debe ser valorada… Cesemos la ira y abstengámonos de miradas de enojo. Tampoco estemos resentidos cuando otros difieran de nosotros. Porque todos los hombres tienen corazón y cada corazón tiene sus propias inclinaciones. Lo que es correcto para ellos, es equivocado para nosotros y viceversa. No somos sabios incuestionables, ni ellos tontos indiscutibles. Somos simplemente hombres ordinarios. ¿Cómo puede alguien establecer una regla que nos permita distinguir lo correcto de lo equivocado? Porque somos todos, unos con otros, sabios y necios, como un anillo que no tiene fin. Por lo tanto, aunque otros den paso a la ira, temamos por el contrario por nuestras propias faltas, y aunque sólo nosotros pudiéramos estar en lo cierto, sigamos a la multitud y actuemos conjunto.»

Los adultos tienen que aprender a limpiar su propio trasero. Al principio en Antaiji, puede que ni siquiera sepas lo que es “limpiar su propio culo” y no te des cuenta de cuántas veces otros limpian tu culo por ti. Después de algún tiempo, se aprende cómo hacer las cosas, dónde estar y en qué momento, cómo hacer esto y cómo hacer aquello. Pero eso no es suficiente. Lo siguiente será el turno no sólo de limpiar tu propio culo, sino también el de los demás. Tienes que devolver los favores recibidos y de los que ni siquiera eras consciente. “Limpieza de culo” es nuestra forma de crear Antaiji.

Solemos ir a mendigar una semana o más a Osaka a finales de marzo. Una vez, un grupo de nosotros cogimos un tren de cercanías repleto de gente de vuelta al hotel barato en Shin-Imamiya donde nos alojábamos. Una de mis estudiantes perdió la parada, o tal vez no consiguió abrirse paso a través de aquella pared de carne que obstruía las puertas. Volvimos al hotel que estaba a cinco minutos a pie de la estación. Cuando llegó un poco más tarde, se puso furiosa: “¿Por qué no me esperasteis? ¿Por qué no informasteis a la policía? ¿No os preocupaba que pudiera ser asaltada?” Honestamente, yo no estaba preocupado en absoluto. Japón es un país seguro e incluso sin saber japonés no sería difícil volver al hotel. Finalmente, me dijo: “Tengo la impresión de que usted se preocupa más por sus dos hijos que por mí. ¿¡Qué habría hecho usted si se hubieran perdido!?” Mis hijos tienen cuatro y dos años de edad. Estoy seguro que habría estado preocupado si se hubieran perdido en un tren lleno de gente. Entonces, ¿por qué no estaba preocupado por mi estudiante? ¿Había fallado como bodhisattva? No estoy seguro. Tal vez no soy un buen bodhisattva, pero también quizá haya alguna diferencia en este caso: Mi estudiante es casi veinte años mayor que yo; no es un niño de tres años. “Pero tú eres mi figura paterna”, replicó ella.

Veo aquí una diferencia importante entre las relaciones en una familia y en una sangha. Una sangha consta de practicantes adultos. Una familia consta sólo en parte de adultos. Así que, aunque veo la vida familiar como un modelo para la práctica del bodhisattva, no creo que la vida en la sangha deba ser exactamente la misma. Los padres cuidan de sus hijos sin esperar ninguna recompensa. Idealmente, ni siquiera esperan ser cuidados a cambio cuando sean viejos, aunque su objetivo final será el de ayudar a sus niños a crecer para convertirse en adultos maduros también. Los bodhisattvas ayudan a los demás sin esperar ninguna recompensa también. Pero el objetivo de esta ayuda es ayudar a los demás a ayudarse a sí mismos y ayudar a otros más también. La dirección de la mente-bodhi es salvar a otros antes que salvarse uno mismo, pero esto significa ayudar a los demás a aspirar al mismo deseo, es decir, a ayudar a otros sin esperar ser ayudados. Así que si un bodhisattva es alguien que rema para llevar el barco a la orilla de la liberación, entonces las otras personas del barco no serán sólo huéspedes, sino que van a tener que ser bodhisattvas también. Y cuando todo el mundo rema juntos, podrían darse cuenta de que la liberación no está en la otra orilla, sino que todo el mundo en el barco ha sido liberado hace mucho tiempo.

Algunas personas parecen pensar que los niños son mejores seres humanos que los adultos o que nuestro objetivo como practicantes del Zen es volver a la situación de los niños pequeños. No estoy de acuerdo con este tipo de reinfantilización, aunque parece ser una idea bastante común incluso fuera de los círculos espirituales. En los años ochenta, una canción pop alemana decía algo como esto: “Los niños al poder: No calculan lo que hacen. El mundo pertenece a las manos de los niños, no habrá buenos o malos, ni blanco ni negro. Sólo la risa, no más represión. Y helado de fresa para el resto de nuestras vidas… ”

En ese momento parecía tener total sentido para mí: ¿No eran los adultos (especialmente los varones) los que comenzaban las guerras, explotaban a otros, utilizaban la violencia? Hasta que un día vi una escena en un parque infantil: Nada de la alegría, la paz y la armonía que esperaba; niños de incluso un año, siempre pensando sólo en sí mismos cuando luchaban por sus juguetes.

Podrías decir: Pero los niños pequeños no tienen todavía la idea de un yo individual separado. Sólo los adultos separan entre “yo” y “mío” y “tú” y “tuyo” y por eso empezamos a pelear. Si usted tiene niños, usted sabrá lo equivocada que es esa idea. Es cierto que los niños pequeños no tienen idea de un yo separado. Pero eso sólo significa que ellos creen que todo el mundo les pertenece y que todo, incluso otras personas (especialmente los padres), se supone que se mueve de acuerdo a sus deseos. En cierto sentido, los niños pequeños son idealistas absolutos. Los adultos tienen que aprender a reconocer el hecho de que los demás también existen y que los demás ven el mundo desde una perspectiva diferente. Realmente no creo que el objetivo de un bodhisattva sea volver al parque infantil, sino más bien a vivir de una manera como Shotoku Taishi recomienda en la cita anterior.

Así que, de cualquier forma, el maestro no debe ser como un padre para el estudiante y el estudiante no debe relacionarse como un niño de tres años con el maestro. En general se puede decir que muchas personas al comienzo de su práctica piensan que sólo se tiene que encontrar un buen maestro y todo vendrá rodado. En realidad, eso es lo que Dogen escribió en el Gakudo Yojin shu: El maestro es como un buen escultor que hará una excelente obra de arte, incluso con un pedazo torcido de madera (por ejemplo, un estudiante imperfecto). Pero esto es sólo la mitad de la verdad. No sólo el maestro crea al estudiante. Lo que es más importante para el estudiante es que de su lado, él o ella tienen que crear al maestro también. Shakyamuni tenía miles de estudiantes, pero todos ellos tenían un maestro diferente ya que creaban su propio Shakyamuni: Devadatta no tuvo el mismo maestro que Mahakasyapa. ¿Quién es tu maestro?

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  1. matilde
    6 mayo 2014 en 11:15

    Gracias, Enrique

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