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Keisei Sanshiki – La voz del valle y la forma de la montaña

montañaybrumaEntramos en esta época del año en que la vida se repliega: árboles desnudos, bancos de parques vacíos… Lo inanimado cobra vida y nos invita a escuchar su sermón silencioso.

Keisei  Sanshiki  En este capitulo del Shobogenzo, el maestro Dogen describe de manera poética el despertar de algunos maestros a la verdad. Va aquí la historia del poeta So Toba (1036 – 1101) que, como se dice, escuchó la voz del río en el valle y alcanzó el despertar. Entonces compuso un poema y se lo presentó al maestro Shokaku Joso:

“La voz del valle es la ancha y larga lengua de Buda,
La forma de la montaña no es otra cosa que su cuerpo puro,
Ochenta y cuatro mil versos en la noche,
¿Cómo podría decírselo a los hombres al siguiente día?”

Comentarios de Dogen Zenji:

“¿Qué fue lo que llevó al laico Toba a ver la forma de la montaña de manera diferente y a escuchar la voz del valle de manera distinta? ¿Fue sólo una frase, media frase o fueron los ochenta y cuatro mil versos lo que el escuchó? ¡Qué lamentable es que hasta entonces la voz y la forma de las montañas y ríos le hallan quedado ocultos! Podemos estar contentos de que existen instantes, causas y circunstancias en las cuales las montañas y los ríos se manifiestan. La lengua de Buda que se expresa no se paraliza jamás, ¿cómo podría la forma de su cuerpo existir sólo una vez y después desaparecer? ¿Deberíamos aprender que la lengua y el cuerpo están cerca de nosotros tanto cuando aparecen como cuando desaparecen? ¿Deberíamos observarles de manera abstracta como una unidad o en concreto como una mitad? En primavera y en otoño de los años anteriores, Toba no había ni visto ni oído la montaña y los ríos de verdad, pero en ese instante de esa noche pudo ver las montañas y los ríos al menos un poco. Los Bodhisattvas que hoy persiguen la verdad también deberían entrar por esta puerta de la enseñanza de la naturaleza y comenzar por las montañas que fluyen y las aguas que no fluyen. En el día antes de la noche, en el cual Toba alcanzó el despertar, él había visitado al maestro Joso y le preguntó sobre cómo los seres no sensibles anunciaban la verdad. Mientras que el maestro Zen hablaba, el cuerpo de Toba no estaba todavía maduro para la transformación repentina pero en el instante en que escuchó la voz del valle, las olas rompieron sobre si mismas y el oleaje se estrelló alto en el cielo. Por eso si la voz del valle sorprendió a Toba, hay que preguntarse, si ésta fue la voz del valle o la influencia del maestro Shokaku. Se debe suponer que las palabras del maestro Shokaku sobre las enseñanzas de la naturaleza no sensible seguían actuando dentro de él y que imperceptiblemente se habían unido con la voz del valle de aquella noche. ¿Quién podría decidir si la experiencia de Toba era tan física como dos litros de agua? ¿Quién la idealizaría y afirmaría que es el patrón de medida absoluto? Por último, ¿fue el laico Toba el que despertó a la verdad, o fueron las montañas y los ríos los que alcanzaron el despertar? ¿Cómo podría alguien que tiene la vista clara no percibir la larga lengua de Buda y su cuerpo puro?”

De “Shobogenzo Keisei sanshiki” – Traducción de Gudo Wafu Nishijima Roshi y Gabriele Linnebach.

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