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No hacer lo incorrecto (I)

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[Del libro Encontrar el Verdadero Dragón por Gudo Wafu Nishijima]

encontrarverddragQuisiera continuar nuestra discusión sobre lo correcto y lo incorrecto. Me parece que es un problema muy importante. Pienso que el problema de qué hacer en nuestra vida es el problema central de la filosofía, la religión y la vida misma. La mayoría de las religiones consideran la moralidad como un asunto de obedecer la ley moral de Dios. Es así que se trata de un problema espiritual, un problema de conciencia, un problema del buen pensamiento contra el mal pensamiento. El budismo ve el problema de manera muy distinta. La moralidad, desde el punto de vista budista, no es asunto de pensamiento correcto sino de correcta acción. Lo bueno o lo malo no se decide en la mente sino en el mundo real.

La actitud budista hacia los problemas morales no es entonces espiritual o idealista. Es muy práctica y aterrizada. Dicha actitud práctica puede perturbar a algunos, quienes sienten que los asuntos de la acción moral deben resolverse en la mente, pero en la mente la moralidad no tiene sustancia o realidad. Es sólo en el mundo real de la acción que la moralidad en sí se hace real. Podemos albergar innumerables pensamientos buenos y piadosos, pero si nuestras acciones no son correctas, dicho pensamiento resulta absolutamente inútil. Esta actitud puede parecer muy dura, pero creo que la necesitamos si hemos de aprender cómo vivir.

El maestro Dogen expresó de muchas formas la actitud budista hacia la moralidad. Un capítulo del Shobogenzo se titula “No hacer lo incorrecto”. Comienza con estas palabras:

“Los antiguos budas decían ‘No hay que hacer lo incorrecto, hay que hacer lo correcto. Dicha conducta purifica de manera natural la mente; y es la enseñanza de todos los budas”.

El énfasis en estas frases está en el hacer. No hacer lo incorrecto. Hacer lo correcto. Luego, en el mismo capítulo, se cuenta una historia sobre un hombre llamado Rakuten Haku. Él fue un famoso poeta que estudió budismo bajo la tutela del maestro Choka Dorin.

Un día le preguntó a su maestro: «¿Cuál es el gran propósito de la enseñanza de Buda?» El Maestro Dorin contestó: «No hacer lo incorrecto. Hacer lo correcto». Sorprendido por la simple respuesta, Rakuten Haku dijo: «Si es así, ¡incluso un niño de tres años podría decir tales palabras!» Entonces, el maestro Dorin contestó: «Aunque un niño de tres años puede decir esta verdad, a un anciano de ochenta le puede resultar difícil llevarlas a la práctica». Una vez más encontramos aquí el énfasis en el hacer como opuesto al pensar. Desde el punto de vista budista, pensar en lo correcto e incorrecto es absolutamente distinto a practicar lo correcto e incorrecto. Pensar es sólo un ejercicio para el cerebro. Practicar lo correcto y lo incorrecto es nuestra vida en sí.

Esta actitud se vuelve muy interesante cuando consideramos los preceptos. Los preceptos son reglas para el comportamiento. Nos dicen qué hacer y qué no hacer. Si saber y hacer son tan distintos, ¿qué hemos de pensar sobre los preceptos? Esta es una pregunta importante. Para entender la respuesta budista, debemos primero que nada saber qué son los preceptos. Debemos estudiar sus características concretas y considerar su sentido práctico en nuestra vida cotidiana. Llegado ese momento seremos capaces de entender la relación entre la moralidad budista y los preceptos, y por ello encontrar el verdadero significado de los preceptos en nuestra vida.

Para comprender los preceptos es necesario recordar primero su origen en India. Cuando la comunidad budista o sangha creció y evolucionó, las reglas y guías simples, sugeridas inicialmente por Buda Gautama, fueron reformadas y complementadas en un esfuerzo por responder a las cada vez más diversas y complicadas situaciones enfrentadas por los miembros de la comunidad. Al multiplicarse las reglas, se hizo más y más difícil actuar libre y directamente. Cada aspecto de la vida de la comunidad fue rápidamente regulado por alguna regla; en un momento hubo 250 reglas para los monjes y 350 para las monjas.

Esta situación fue en parte responsable de la aparición del budismo mahayana. Muchos monjes y seguidores laicos sintieron que la excesiva confianza en las reglas y preceptos había reprimido el espíritu original de las enseñanzas de Buda Gautama y así, alrededor de cuatrocientos años después de su muerte, abandonaron la orden de los antiguos y establecieron una nueva orden. En ella, el ideal del bodhisattva se hizo muy importante. Un bodhisattva es una persona que reconoce la verdad del budismo intuitivamente y se dedica a su realización dentro del contexto de su vida cotidiana. En dicha vida, las reglas de conducta debían ser bastante amplias y flexibles para ser practicables. Entonces la gran masa de reglas y reglamentos que se había acumulado fue resumida en dieciséis preceptos fundamentales. Esos dieciséis preceptos fueron conocidos como los preceptos del bodhisattva; recibirlos se convirtió en la entrada a la vida budista de la acción en el mundo real.

Estos dieciséis preceptos se dividen en tres grupos: las tres devociones, los tres preceptos universales y los diez preceptos fundamentales. Las tres devociones son la devoción a Buda, al dharma y al sangha. Buda se refiere en primer lugar al Buda Gautama.

Como budistas, sentimos una tremenda devoción hacia el hombre que alcanzó la verdad hace 2500 años, quien estableció la verdad como una religión y quien enseñó a sus seguidores el método para encontrar esa misma verdad. La verdad ha sido alcanzada por muchas personas desde la época de Buda Gautama. Todas ellas son budas. Todas encontraron la verdad a través de sus esfuerzos. Transmitieron las enseñanzas budistas a través de los siglos hasta nuestro tiempo. Les estamos muy agradecidos. Cuando ofrecemos nuestra vida a Buda, estamos ofreciéndonos a todos los budas del pasado, del presente y aquellos por venir: los budas de los tres tiempos.

La devoción al dharma es la devoción al universo mismo. El universo tiene su orden, su belleza, sus reglas. Como budistas, buscamos entrar al orden del universo mismo. Dedicamos nuestra vida a ese orden, a la regla del universo. Esto es la devoción al dharma y es la base del budismo.

La devoción al sangha es la devoción a los monjes, monjas, hombres y mujeres laicos de la orden budista. Buda Gautama nos enseñó a honrar a nuestros compañeros en esta vida budista. Nos enseñó a dedicamos a la comunidad o sociedad, a aquellos que buscan la verdad.

El segundo grupo de preceptos son los tres preceptos universales. El primero es la observancia de las reglas. Cada sociedad tiene sus reglas. Si no seguimos las reglas de nuestra sociedad, nuestra vida será desequilibrada.

El segundo precepto universal se llama la observancia del dharma. El dharma es la regla del universo. Observar la regla del universo es actuar adecuadamente en todas las situaciones. Es muy simple, hacer lo correcto y no lo incorrecto. Así, la observancia del dharma podría ser llamada la observancia de la moralidad. Hay muchas reglas sociales, pero necesitamos seguir una moralidad que trascienda la situación social. Necesitamos seguir una moralidad basada en la regla del universo mismo. Trabajar por la salvación de todos los seres vivientes es el tercer precepto universal. El budismo nos muestra que somos parte del universo. No somos entidades aisladas sino elementos de un gran sistema, un sistema que se refleja en cada pequeña parte, en cada ser. Esto significa que todos los seres en el universo comparten una cierta cualidad o naturaleza esencial, una naturaleza que no puede ser nombrada o definida. Así que si hemos de expresar nuestra verdadera naturaleza como seres humanos, es natural para nosotros cuidar lo que tenemos en común con todos los otros seres en el universo. Es natural para nosotros trabajar por la salvación de todos los seres vivientes.

Las devociones y los preceptos universales son muy amplios y exclusivos, pero quizás son demasiado abstractos. Así que existen otros diez preceptos. Estos también están condensados o resumidos, pero tienen una naturaleza muy concreta:

1.No destruir la vida. Todos tenemos vida. La vida impregna el universo. En un sentido, es el universo en sí. Destruir la vida es entonces destruir una parte del universo, una parte de nosotros mismos. No debemos destruir la vida.

2.No robar. Tenemos nuestros propios lugares en el mundo, nuestras propias posiciones y dominio. No debemos tomar aquello que pertenece a otro. No debemos robar.

3.No desear en exceso. Todos tenemos deseo. El deseo es un factor importante en nuestra vida, pero el deseo excesivo no es el origen de la felicidad, destruye nuestra serenidad y vuelve nuestra vida infeliz. Así que debemos reconocer la existencia del deseo, pero no debemos permitirle regir nuestra vida. No debemos desear en exceso.

4.No mentir. Estamos viviendo en el universo. El universo es la verdad misma. La verdad y la honestidad van unidas. Si no somos honestos, no podemos descubrir nunca nuestra verdadera situación en el universo. Por lo tanto, si deseamos encontrar la verdad, debemos ser honestos. No debemos mentir.

5.No vivir de la venta de licor. El alcohol tiende a destruir el equilibrio del cuerpo y la mente. Vender alcohol a otros puede causarles que pierdan su camino. De manera que no debemos vivir de la venta de licor u otras cosas que puedan causar daño a otros en este mundo. (Tengo algunas dudas acerca de la forma de este precepto. Tengo la impresión de que el precepto original puede haber sido no beber licor. Quizás, al expandirse el budismo desde India a países como China y Japón, este precepto fue alterado para satisfacer las condiciones locales. En esos países nórdicos, el licor era considerado una importante ayuda para la supervivencia durante los fríos meses de invierno. Entonces, personalmente creo que es importante evitar beber, pero debemos reconocer el precepto en la forma en que ha llegado a nosotros desde el pasado.)

6.No discutir los errores de los monjes y practicantes budistas. Como budistas, hacemos todo lo posible para vivir y practicar la vida budista. Al hacerlo, a menudo cometemos errores. Puede sonar extraño, pero nuestros errores surgen directamente de nuestros esfuerzos por hacer lo mejor. Este es un simple hecho de la vida. Entonces, cuando vemos los errores de otros, no debemos ser críticos, pues sus errores son sólo producto de sus esfuerzos en esta vida.

7.No elogiarse o reprender a otros. La psicología moderna nos dice que la mayoría de nosotros tiene un tipo de complejo de superioridad o inferioridad. A causa de estas tendencias personales, estamos inclinados a elogiar o criticar a nosotros mismos y otras personas. Pero todos somos seres humanos. Si reconocemos este simple hecho, es imposible reprender a los demás por sus faltas, y elogiarnos se vuelve una pérdida de energía.

8.No escatimar compartir las enseñanzas budistas y otras cosas, sino ofrecerlas libremente. Nuestra tendencia es desear más de lo que tenemos. Queremos más enseñanzas. Queremos más cosas. Pero cuando vemos nuestra situación en forma clara, nos damos cuenta de que somos parte del amplio y glorioso universo. Ya tenemos todo lo que necesitamos. En tal caso, resulta natural dar. Queremos compartir las enseñanzas y nuestra riqueza con los demás. Debemos hacerlo, debemos dar generosa y naturalmente, sabiendo que es una actividad natural de nuestra verdadera situación.

9.No enojarse. Muchos de nosotros somos propensos a enojarnos. Aunque parezca una parte natural de nuestro carácter, la rabia no es nuestro estado natural, no es nuestra condición natural. En el budismo intentamos encontrar y mantener nuestra serenidad. Las emociones violentas tienden a destruir esa tranquilidad. Ellas trastornan el equilibrio natural del cuerpo y la mente. No debemos olvidar este hecho. No debemos enojarnos.

10.No abusar de los tres valores supremos. Buda, el dharma y el sangha son las bases de la vida budista. Debemos honrarlos, valorarlos y dedicamos a ellos.

Pasar revista a los preceptos de esta forma resulta bastante aburrido y tedioso. Los preceptos budistas no son emocionantes filosóficamente. Son muy simples y directos. Con esto, creo que reflejan la naturaleza fundamental de la religión budista. El budismo es una religión muy práctica. Se preocupa por encontrar la forma correcta para vivir. Lamentablemente, no es una tarea fácil. Tenemos la tendencia a cometer muchos errores y a sufrir las consecuencias. Los preceptos fueron creados para ayudarnos a evitar dichos errores. Han sido comparados con una protección alrededor de una amplia y hermosa pradera.

Nosotros somos las vacas en esa pradera. Mientras nos mantengamos dentro de esa protección, nuestra vida estará a salvo y serena, y podremos jugar libremente. Pero cuando nos salimos de la protección, nos encontramos en terreno movedizo. Hemos entrado a una situación peligrosa. De esta forma, podemos decir que el propósito de los preceptos es ayudamos a llevar una vida feliz.

Sin embargo, aún hay un problema. Necesitamos preguntarnos si los preceptos pueden realmente cumplir su propósito. ¿Pueden los preceptos realmente guiar nuestras acciones en el mundo? ¿Son realmente prácticos? La respuesta parece estar no en los preceptos mismos, sino en nuestra actitud hacia ellos. Si los preceptos han de ser prácticos, nuestra actitud hacia ellos también ha de ser práctica. Esto quiere decir que no debemos considerar la observancia de los preceptos como el objetivo primario de la vida. Quizás esto suene un poco extraño, pero es un hecho en el budismo. El Maestro Dogen dijo:

«Debemos mantener los preceptos y mantener la pureza, pero a la vez, si intencionalmente establecemos esto como nuestra principal práctica y pensamos que como resultado alcanzaremos la verdad, eso también es incorrecto. Mantener los preceptos y la pureza es la forma concreta que siguen los monjes y la costumbre usual de los discípulos budistas, y así lo practicamos con gusto. Es algo bueno, pero no siempre ha de verse como fundamental».

Quizás esta actitud parezca demasiado pragmática o transigente. La mayoría de las religiones adoptan una postura mucho menos flexible. Desobedecer los preceptos es un pecado. Un pecado es un crimen en contra de Dios. Por lo tanto, observar los preceptos es de tremenda importancia. En cambio, la actitud budista puede parecer equívoca o débil. La actitud pragmática puede hacer nuestra vida más cómoda, pero ¿es realmente el papel de la religión ser pragmática? El budismo insiste en que dicha actitud realista es absolutamente necesaria. Nuestra vida es tremendamente compleja y variada. Si intentamos aplicar preceptos demasiado estrictos, podemos perder nuestra libertad de acción.

Vivimos aquí y ahora, así que debemos encontrar reglas que puedan usarse aquí y ahora. Nuestra obligación es descubrir nuestros preceptos a cada momento. La realidad es variable, por ende nuestras reglas también deben ser modificables o flexibles. Las reglas deben funcionar en el mundo real. Los verdaderos preceptos son variables y a la vez inalterables. Esta es la naturaleza de los preceptos budistas. Nos ayudan a vivir en forma correcta. Proporcionan un marco que es exacto y más bien estrecho y, sin embargo, somos libres de actuar en las situaciones “momento a momento” de nuestra vida.

Un monje chino dijo una vez: «Ninguna regla es nuestra regla». Esta afirmación expresa en forma precisa la actitud budista. Los preceptos son valiosos para nosotros. Nos pueden ayudar, antes y después de actuar, pero en el momento presente, no podemos depender de ninguna regla. Debemos tomar nuestras decisiones directamente. En el momento presente, estar sin preceptos es nuestro precepto. «Ninguna regla es la regla».

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 5 febrero 2015 en 20:25

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