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Dos reflexiones

Maurice Leenhardt, misionero católico que en los años 20 del pasado siglo estuvo predicando el cristianismo en Nueva Caledonia, entre tribus muy “atrasadas” (“salvajes”), una de las veces le preguntó a uno de sus alumnos, un tal Boesoou, cómo se había sentido al oír por primera vez (según pensaba él) ideas “espirituales”, esto es cómo describe la situación el propio misionero:

“Una vez, deseoso de evaluar el progreso mental de los canacos a los que durante años había estado enseñando, me arriesgué a hacerle la siguiente sugerencia: «En pocas palabras, ¿hemos introducido la noción de espíritu en vuestra manera de pensar?» Él respondió: «¿Espíritu? ¡Bah! Vosotros no nos trajisteis el espíritu. Nosotros ya sabíamos que el espíritu existía. Siempre habíamos actuado de acuerdo al espíritu. Lo que vosotros nos trajisteis fue el cuerpo»”

Del libro Debt: The first 5000 years, de David Graeber

 

“Demasiado y durante demasiado tiempo, parecía que habíamos cambiado la excelencia personal y los valores de la comunidad por la mera acumulación de cosas materiales.
Nuestro producto nacional bruto, ahora, es mayor de $800 millardos de dólares al año, pero ese producto nacional bruto —si juzgamos a Estados Unidos por ello— ese producto nacional bruto cuenta la contaminación del aire y la publicidad de los cigarrillos, y las ambulancias que borran la carnicería de nuestras carreteras. Cuenta las cerraduras especiales para nuestras puertas y las cárceles para las personas que las rompen. Cuenta la destrucción de los secuoya y la pérdida de nuestra maravilla natural en la expansión caótica. Cuenta el napalm y cuenta las ojivas nucleares y los coches blindados de la policía para luchar contra los disturbios en nuestras ciudades. Cuenta el rifle de Whitman y el cuchillo de Speck, y los programas de televisión que glorifican la violencia con el fin de vender juguetes a nuestros hijos.
A pesar de ello, el producto nacional bruto no permite medir la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación o la alegría de su juego. No incluye la belleza de nuestra poesía o la fortaleza de nuestros matrimonios, la inteligencia de nuestro debate público o la integridad de nuestros funcionarios públicos. Tampoco mide ni nuestra inteligencia, ni nuestro valor, ni nuestra sabiduría, ni nuestro aprendizaje, ni nuestra compasión, ni nuestra devoción a nuestro país, en definitiva mide todo, salvo lo que hace que la vida valga la pena.”

Discurso campaña presidencial de Robert Kennedy, 18 de Marzo de 1968, pocas semanas antes de su asesinato.

Extractos de la entrada  La Ética Protestante y el Espíritu de la Ciencia (I) : El antecedente de la Era Axial del blog Historia-Economía-Filosofía

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  1. Anónimo
    25 noviembre 2015 en 19:01

    Buenas tardes,

    Veo que finalmente salis al campo, siento no poder acompañaros, desearos que tengais buena practica. Nos vemos próximo miercoles o sabado.

    Abrazos para todos,

    Alfredo

    ________________________________

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