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Por qué el budismo está en lo cierto

[Entrevista a Robert Wright, psicólogo evolucionista, en la revista Lion’s Roar]

 

Melvin McLeod: Su nuevo libro, Por qué el Budismo es Verdad: La Ciencia y la Filosofía de la Meditación y la Iluminación, está recibiendo más atención general que cualquier otro libro orientado al budismo en el que se pueda pensar. ¿Estabas conscientemente tratando de llegar a gente que normalmente desdeña un libro sobre budismo?

Robert Wright: Quería mostrarle a la gente que el diagnóstico budista tiene sentido desde un punto de vista moderno. Que es compatible en muchos aspectos con la psicología moderna y la psicología evolutiva. Tiene sentido a la luz de la comprensión moderna del proceso evolutivo que nos creó.

Hay muchas personas que son resistentes al budismo —quizás porque piensan que no es científico. Espero que mi intento de colocar la práctica, la filosofía y la psicología del budismo en el contexto de la ciencia moderna ayudará a hacerla más creíble a los ojos de las personas que actualmente sospechan de él.

Háblanos de tu experiencia como practicante budista.

Desde la universidad traté de meditar de vez en cuando, pero nunca tuve lo que yo consideraba éxito. Finalmente, en 2003, fui a un retiro de meditación silencioso de una semana en la Insight Meditation Society en Massachusetts. Eso activó el interruptor. Al final de la semana me sentí mucho más agradecido por la belleza, mucho menos crítico, y mucho más tranquilo. Hice otro retiro en 2009, y desde entonces he sido bastante consistente en mi práctica de meditación consciente.

Entonces, ¿en qué has descubierto que el budismo tiene razón?

En 1994, escribí un libro sobre psicología evolutiva llamado The Moral Animal . Ese proyecto me convenció de que la selección natural no nos diseñó para ser felices de forma duradera. No nos diseñó para ver siempre el mundo claramente. De hecho, la teoría evolutiva predice que si ciertas ilusiones ayudan a los genes a entrar en la siguiente generación, entonces esas ilusiones —sobre la naturaleza del yo, y sobre otras personas y otras cosas– serán favorecidas por la selección natural.

En mi estudio de la psicología evolutiva, llegué a advertir tres cosas acerca de la condición humana: que, por su naturaleza, la felicidad tiende a evaporarse; que en muchos aspectos no nos vemos a nosotros mismos o al mundo claramente; y que, por naturaleza, no siempre somos moralmente buenos, aunque somos buenos en engañarnos pensando que somos personas morales.

El budismo afirma que estas tres cosas están conectadas. Dice que la razón por la que sufrimos, la razón por la que no estamos satisfechos de manera duradera, es que no vemos el mundo con claridad. Esa es también la razón por la que a veces no alcanzamos la bondad moral y tratamos mal a otros seres humanos. Naturalmente estaba interesado en esta proposición, dada mi formación en psicología evolutiva.

Lo que estoy argumentando en este libro es que mirar el budismo a través de las lentes de la psicología moderna —y específicamente la psicología evolutiva– tiende a validar las afirmaciones del budismo, cuando observamos las formas sutiles en que la selección natural ha construido la ilusión en nosotros, siguiendo las dos afirmaciones budistas más fundamentales acerca de nuestras ilusiones, esto es, que no vemos las verdades del no-yo y el vacío.

El budismo, por supuesto, no es principalmente una filosofía o descripción de la realidad. Es un camino pragmático cuyo objetivo es disminuir el sufrimiento y aumentar la felicidad. ¿Dónde encaja la práctica budista en esto?

Veo la práctica budista, en cierto sentido, como una rebelión contra la selección natural. Eso no quiere decir que rechacemos todos los legados de la selección natural. La selección natural nos dio la capacidad de amor y compasión. Pero creo que es útil pensar en la práctica budista como diciéndole a la selección natural que no tenemos que aceptar su agenda —que podemos reorganizar las prioridades.

La psicología evolutiva nos ha dado un diagnóstico bastante bueno del problema. Ha iluminado lo que es lamentable sobre la naturaleza humana. Pero no ofrece ningún tipo de prescripción. No nos dice qué hacer al respecto.

El budismo ofrece una receta. Ofrece un régimen de práctica basado en la filosofía que aborda los problemas que la psicología evolutiva revela.

Mi propia experiencia se basa en la meditación consciente de la tradición Vipassana, o introspección. La he encontrado útil para responder al desafío que nos presenta la evolución. La meditación consciente te permite obtener un punto de vista diferente en las diversas partes de la mente que la evolución te ha dejado. Te da la oportunidad de cambiar tu relación con ellos.

Vi cómo funciona esto una mañana cuando estaba en mi primer retiro. Yo había tomado demasiado café y tuve en mi mandíbula esa sensación muy tensa que el exceso de cafeína puede traer. Era una sensación de estrés y malestar. Estaba meditando, y en lugar de huir de este sentimiento empecé a observarlo, sin temer ni consentirlo. Eso me dio una cierta distancia crítica de él, y de repente ya no estaba sufriendo. Tomé distancia y ya no era un problema.

Para mí, la meditación ha sido una especie de herramienta mágica. Vi en ese primer retiro que los budistas tienen una herramienta real para tratar el problema. Y lo que realmente enriquece la meditación para mí es que no es sólo una herramienta terapéutica o de autoayuda. Se basa en una filosofía y una visión de la psicología que creo son fundamentalmente verdad.

Una cosa que estoy tratando de recalcar en el libro es que esta técnica está conectada en última instancia a la exploración espiritual y filosófica más profunda. Lo que quiero decir con esto es que estás mirando algo que habrías considerado previamente como parte de ti mismo, y ver que no es necesariamente parte de ti. Es un movimiento incremental hacia el concepto esotérico del no-yo.

Cuando hablas de las ilusiones que sufrimos, me parece que estás hablando principalmente de las estrategias que usamos, quizás por razones evolutivas, que no cumplen lo que los seres humanos realmente quieren de la vida.

Sí, excepto que no son necesariamente estrategias que conscientemente alberguemos. Se podría decir que estas estrategias de comportamiento se implementan a través de características de nuestra mente.

Por ejemplo, cuando tenemos la intuición de que el yo consciente es el hacedor de los hechos y el pensador de los pensamientos, eso forma parte de una estrategia en cierto sentido. Desde el punto de vista de la selección natural, es una intuición útil sentir que tú diriges.

Otro ejemplo, si ves a un enemigo y percibes la esencia de una mala persona en él, eso es útil en términos darwinianos. Te lleva a decir cosas negativas sobre esa persona, lo que es una buena estrategia para socavar a los rivales. Eso no significa que seas consciente de que es una estrategia. Por el contrario, la estrategia se implementa con más éxito si no eres consciente de que es una estrategia —si crees que tu rival es una persona realmente mala. Si no sabes que la historia que estás imponiendo a la realidad es una historia, entonces la estrategia subyacente será más eficaz.

Sin embargo, estas estrategias, aunque eficaces para el objetivo estrecho de la supervivencia, no sirven a nuestras necesidades más profundas como seres humanos.

El punto es que estas tendencias mentales nuestras, estas estrategias evolutivas, no son conducentes a nuestra felicidad y bienestar duraderos. Después de todo, la selección natural no “se ocupa” de lo felices que somos. Los valores implícitos en la selección natural no incluyen nuestra felicidad. Nuestra felicidad no ocupa un lugar elevado en la agenda de la selección natural.

La prioridad primordial desde el punto de vista de la selección natural es introducir genes en la siguiente generación. Si la forma más efectiva de hacer eso es hacer que la felicidad se evapore en cuanto la obtenemos, entonces así será la vida.

De hecho, parece ser que la gratificación está diseñada para evaporarse, de manera que sigamos persiguiéndola. No podemos estar satisfechos con una sola comida o un episodio de sexo. Si te imaginas a un animal que sólo come una comida o que tiene sexo una sola vez, te estás imaginando un animal que no va a tener genes en la próxima generación. La selección natural no se preocupa por nuestra satisfacción permanente. Creo que es el comienzo de la explicación de por qué el diagnóstico budista de la condición humana da fundamentalmente en el blanco.

La psicología evolucionista y el budismo pueden describir nuestro comportamiento de la misma manera, pero ¿no difieren en el motivo básico? En la evolución, es el mantenimiento de la especie. En el budismo, es el mantenimiento del ego.

¿Quieres decir que alimentar la ilusión de un yo sólido intacto es lo que fundamentalmente impulsa nuestra conducta, de acuerdo con el pensamiento budista?

Sí. Que mantener la ilusión del ego —el sentido de nosotros mismos como una realidad permanente e inmutable– es la causa básica del samsara y nuestro sufrimiento. Es la segunda noble verdad.

Yo diría que la visión que acabas de articular encaja muy bien dentro de un marco evolutivo. La autopreservación es un término que a menudo se oye en un contexto darwiniano, y en cierto sentido eso es lo que acabas de describir desde un punto de vista budista. Ese es el punto. Ahora sabemos por qué tenemos esta obsesión. Desde Darwin, está claro por qué tenemos esta obsesión con la autopreservación que el budismo identificó hace mucho tiempo y sobre la que correctamente sembró la sospecha.

La teoría evolutiva explica por qué mantener la ilusión de un ser permanente sería una búsqueda profundamente arraigada y sostenida. Después de todo, esta cosa limitada por mi piel —esto que es mi cuerpo– es el vehículo para mis genes. Naturalmente, voy a estar muy implicado en mantenerlo intacto y favorecer las cosas que son conducentes a su supervivencia. Nuestra tendencia a estar tan obsesionados con mantener el yo, y el cuerpo que lo contiene, intacto, y nuestra insistencia en ver al yo como encapsulado en los límites del cuerpo, tienen un perfecto sentido en términos de selección natural.

Tal vez hayas tenido una experiencia meditativa, cuando de repente esos límites del yo se vuelven más porosos. Por ejemplo, un pájaro cantando lejos que parece que forma en realidad parte de ti —una experiencia que tuve en el retiro que describo en el libro. Yo diría que, irónicamente, el marco darwiniano subraya la validez de esa experiencia. La experiencia de un yo mayor, o no-yo, nos recuerda que la perspectiva por defecto —que el yo termina donde termina mi piel– es el producto de un proceso orgánico, creativo, particular, cuyo objetivo no es la visión clara, no una clara percepción de el mundo. Su objetivo no es la verdad.

El budismo dice que sufrimos porque tratamos de luchar contra, o negar, la realidad. Así que el antídoto contra el sufrimiento es la intuición o la sabiduría —experimentar la realidad con precisión. En las enseñanzas básicas del budismo, esa realidad se describe como las tres marcas de la existencia. Estas son impermanencia, no-yo, y sufrimiento, o dukkha. Toda la realidad se dice que está marcada por estas tres cualidades, y negarlas es ilusión. Sin embargo, a efectos de la evolución, negar estas realidades podría ser ventajoso.

Totalmente, totalmente. Cien por cien. Negar la realidad ayudó a nuestros antepasados ​​a introducir genes en la siguiente generación. Por supuesto, ver ciertos aspectos de la realidad era claramente también ventajoso, pero en este nivel metafísico profundo, no había recompensa por ver la imagen claramente, y en algunos casos, todo lo contrario.

En términos de lo que ha sido propicio para la proliferación genética, tiene sentido no ver y no reconciliarse con las tres marcas de la existencia. Ese es el punto. El punto es que no ver la verdad puede ser propicio para la replicación genética. Por eso tenemos tantos problemas para verlo.

Sin embargo, desde el punto de vista budista, aceptar estas realidades es el secreto de la felicidad, o al menos del no-sufrimiento.

Correcto. Por supuesto, no quiero hacer que suene demasiado fácil. Como sabes, no se trata sólo de tener conocimiento de la impermanencia, el vacío y el sufrimiento, o de comprenderlos intelectualmente. Eso no basta. Es por eso que hay toda una práctica alrededor. Quiero decir, nadar río arriba contra la corriente de nuestra herencia evolutiva no va a ser trivial, ni fácil.

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  1. Ángel Rodríguez
    21 octubre 2017 en 10:04

    TIENE UN LIBRITO “IMPAGABLE” EN EDITORIAL MIRAGUANO – LIBROS DE LOS MALOS TIEMPOS – COMENTARIO Y TRAD. DOKUSHO VILL.

  2. Fernando
    7 noviembre 2017 en 12:43

    Hola a todos y Enrique, Alfredo, Julia…, Soy fernando de Santander, quería saber si puedo compartir en mi facebook algún texto vuestro q me ha gustado. Bueno, en realidad ya he compartido uno ” el budismo está en lo cierto”. Un abrazo a todos.

    • 7 noviembre 2017 en 15:12

      Desde luego, Fernando. Un abrazo y hasta la próxima sesshin

      Buena práctica!

  3. 7 noviembre 2017 en 15:11

    Desde luego, Fernando. Un abrazo y hasta la próxima sesshin

    Buena práctica!

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